Mostrando entradas con la etiqueta África. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta África. Mostrar todas las entradas

martes, 31 de marzo de 2020

Mi primera piedra

¡Qué dura es la adolescencia! Y no, no me dispongo a quejarme de mi alumnado, porque además llevo unos meses “a dieta de quejas”. En esta ocasión voy a echar la vista atrás para acordarme de mí mismo durante aquellos trepidantes años.

Recuerdo que yo era un chaval que se podría definir como “común y corriente”: me gustaba pasar tiempo con mis amigos, jugar al fútbol y las chicas me imponían respeto, ya que era bastante tímido en ese sentido. En la escuela cumplía con mi papel, sacando buenas notas sin esforzarme demasiado. Internet no había colonizado nuestras vidas ni nuestros cerebros y los videojuegos no me despertaban gran interés. Así pues, mi día a día se desarrollaba sin plantearme grandes metas.

Mi madre era profesora y trabajaba junto a mi instituto, por lo que cada jornada íbamos y volvíamos juntos. En una ocasión, cuando tenía catorce años y muy poquita sangre en las venas, mi madre me informó de vuelta a casa de que me había inscrito para participar en un intercambio escolar a Marruecos con alumnos de su centro. Y digo correctamente que me informó porque no se trataba de una negociación, sino que yo iba a ir lo quisiera o no, ya que habían sobrado muchas plazas y, según ella, iba a ser una experiencia genial para mí.


Imaginad, un chico de esa edad al que sacas de su zona de confort para llevarlo más de una semana a otra cultura con un grupo de extraños a casa de un chaval completamente desconocido. Yo me cerré en banda y me indigné con el mundo, o más bien con mi madre. En realidad, me daba igual si era Marruecos o Nueva York, ese no era el problema. Lo que me descolocaba era estar tanto tiempo sin mis amigos, sin mi grupo de iguales. Y la gota que colmó el vaso la volvió a poner mi madre con su frase “¡pero si también va tu amigo Abel!”. Y aquí hay que hacer un inciso, esto merece una explicación aparte.

¿Conocéis esa sensación en la que vuestros padres quieren obligaros a que os hagáis amigos del hijo de algún amigo suyo? Pues bien, “mi amigo Abel” era el hijo de un compañero de mi madre, quien tampoco estudiaba en ese instituto y al que también habían apuntado al intercambio sin su consentimiento. Supuestamente era mi amigo porque nos habíamos conocido meses atrás en un traumático fin de semana entre colegas de trabajo. Durante esos dos días, que se me hicieron eternos, fuimos los únicos adolescentes rodeados de adultos, solo acompañados de dos niños pequeños, y para colmo nos obligaron a dormir juntos en una cama individual. Eso no se le hace a un chaval en esos años tan complicados…

Así pues, el hecho de que Abel también fuera al intercambio no era ni mucho menos un aliciente para mí, quizás todo lo contrario. Pero bueno, como era consciente de que mi madre tenía las de ganar, no tuve más remedio que resignarme y aceptar el devenir de los acontecimientos. Unas semanas antes de nuestra partida tuvimos una reunión previa y allí pude conocer a mis futuros compañeros de viaje. Yo seguía bastante cerrado, pero pese a esto me dio la impresión de que no parecían mala gente.

Y así resultó ser. Llegó el gran día y partimos en autobús rumbo a Algeciras para tomar el ferry que nos llevaría a cruzar el estrecho. A los pocos minutos y como por arte de magia, ese grupo tan reducido como pintoresco de estudiantes se había convertido en una pequeña familia, y mis dudas y enfados no eran siquiera un recuerdo.


Es imposible describir en unas cuantas líneas aquel viaje porque simplemente me cambió la vida. Mi compañero de intercambio, Mazin, y su familia fueron adorables; difícilmente podrían haberme acogido y tratado mejor. El grupo de españoles fue todo un descubrimiento, principalmente por dos personajes; y con el resto de marroquíes formamos una amistad que incluso ha hecho que volvamos a cruzarnos en numerosas ocasiones por diferentes partes del mundo. Es más, incluso conocí a mi primer amor, con lo parado que yo era (la verdad es que solo faltaron las luces de neón para que me coscara).

Y desde entonces ya no hace falta que use las comillas cuando hablo de mi gran amigo Abel. Al final tuve y tengo que darle la razón a mi madre, ya que aquella experiencia me hizo encontrarme (o reencontrarme) con una persona que desde entonces ha sido fundamental en mi vida, uno de mis grandes apoyos. Al mismo tiempo, me brindó la oportunidad de comenzar a batir mis alas para luego poder volar en libertad y llegar a ser quien soy. Se podría decir que fue algo así como el prólogo del libro de mi vida racional, el episodio piloto de mi despertar emocional.

Diecinueve años después echo la vista atrás y doy las gracias a mi madre y al destino porque ese viaje me hizo madurar, evolucionar y crecer como persona. Descubrí que el mundo estaba lleno de otras culturas, paisajes, idiomas, pueblos; inmensamente maravillosos y fascinantes. Y me hizo darme cuenta de que yo quería conocerlos, recorrerlos y dejarme sorprender por ellos, como he seguido haciendo desde entonces. En ese momento tampoco era consciente, pero esa sería mi primera vez en África, la primera de muchas, en esa tierra que me robó el corazón y que me sigue aguardando pacientemente hasta que vuelva.

jueves, 26 de febrero de 2015

Tu frialdad


Buenas tardes. Después de mucho, demasiado tiempo, rompo mi silencio. Y nunca mejor dicho, porque vuelvo trayendo una canción grabada junto a mi casi hermano Dámaso Estévez a la guitarra, hace poco más de una semana en la eterna ciudad de Granada.

Viene acompañada de imágenes tomadas durante mi estancia en Burundi, hace ya casi dos años, cargada de melancolía. Es también, por qué no, mi forma de dar las gracias a Dámaso y a toda la gente que me acompañó en esa aventura, seguramente la más enriquecedora de mi vida. ¡Amahoro!

Espero que os guste y la disfrutéis, pese a haber sido grabada con muy pocos medios. Tu frialdad...


PD. Para verlo mejor, podéis ampliar el vídeo o ir al enlace de youtube.


martes, 31 de diciembre de 2013

2013


Este 2013 se acaba. Le quedan menos de 24 horas y ha pasado tan rápido que casi asusta. Y la verdad, y dejando de lado los recortes y "novedades" de este vergonzoso y fascista gobierno que tenemos en Españistán, tengo que decir que, personalmente, ha sido un año bastante bueno.


Los primeros seis meses los pasé en Burundi, en una de las mejores experiencias que jamás he vivido, si no la mejor. Un país y una gente que me han enseñado muchísimo, y que me ha abierto los ojos para poder ver el mundo desde otra perspectiva. Gracias a todas esas personas, pero en especial a Amidou, al que le debo tanto. Volveré.

Luego pasé casi tres meses desorientado, buscando no sabía muy bien qué, y ocupando algo de mi tiempo como chico de las toallas de un hotel, sin saber si irme a Inglaterra o Francia, volver a Burundi, intentarlo en Madrid... Hasta que llegó aquella rocambolesca llamada que me envió a Huelva, donde desde entonces hago un trabajo que me encanta en un centro con un grupo humano maravilloso. Es una suerte levantarte cada mañana con la motivación de saber que vas a hacer algo que te gusta, y este año he sentido eso muchas veces.


En cuanto a mi familia y la gente de mi alrededor, afortunadamente y salvo alguna maldita excepción, la salud ha acompañado, lo que es una buena noticia. Hemos tenido bodas, éxitos profesionales-emprendedores, reencuentros y hasta un nuevo miembro en la familia, Rufo.

¿Y el 2014? Pues nada, lo seguiremos afrontando con una sonrisa, siempre hacia delante y con actitud positiva. Y por supuesto, habrá que seguir luchando contra las injusticias que se siguen cometiendo en este país ahora más de pandereta que nunca (¿será por aquello de la Navidad?), con la inexplicable y sonrojante nueva ley del aborto, entre otras cosas.

¡Feliz año nuevo a todos!

domingo, 15 de septiembre de 2013

Burundi, el país donde se recitaban poemas a las vacas


Hoy, con mi nostalgia burundesa acompañándome, vengo a compartir con vosotros un interesante artículo que apareció hace poco en el diario francés Libération, titulado Le Burundi, le pays où l'on récitait des poèmes aux vaches, el cual habla sobre la ganadería vacuna que se practicaba en Burundi, comparándola con la actual. Me he tomado la libertad de traducirlo al español, así que ruego disculpen mis errores, que seguro que hay más de uno...


Hubo un tiempo en que los pastores burundeses recitaban poemas a su vaca llevándolas al pastoreo, antes de que la guerra civil diezmara el rebaño. Desde entonces, la cría se reconstruye, al precio de un difícil paso a la modernidad.

Toda la civilización burundesa estaba centrada en el ganado. Signo de respeto al rumiante, se utilizaba la misma palabra (“igisabo”) para hablar del estómago del rey –de divino derecho- y de la vaca, diferente del término (“inda”) empleado para el común de los mortales.

Antes de la guerra civil burundesa (1993-2006), el rebaño “contaba con hasta 800.000 cabezas”, recuerda Eliakim Hakizimana, director general de ganadería en el Ministerio de Agricultura.

Pero los trece años de conflicto han “tenido consecuencias terribles en las vacas” y solo quedaban alrededor de 300.000 cuando la paz vino entre la minoría tutsi y la mayoría hutu.

Los rebeldes hutus atacaban especialmente a las vacas, veneradas por la comunidad tutsi, tradicionalmente formada por ganaderos, y se alimentaban durante el conflicto que hizo 300.000 muertos y arruinó la economía del pequeño de África de los Grandes Lagos.


Porque en Burundi, la vaca era sagrada.

“Antes de la colonización, antes de la llegada del Hombre Blanco hacia finales del siglo XIX, la vaca no era un simple animal doméstico en el Reino de Burundi”, explica el abad Adrien Ntabona, 74 años, ex profesor de etnología en la Universidad de Burundi.

“Un ganadero hablaba a su vaca, podía enumerar la descendencia (?). Le recitaba poesías, diferentes según si la llevaba al abrevadero, al pastoreo, la traía al cercado o la ordeñaba”.

Con sus largos cuernos y sus finas patas, la vaca burundesa, de raza ankole como en todas partes en la región de los Grandes Lagos, representaba un dechado de belleza en el imaginario local.

A una mujer, no se le decía que tenía ojos bonitos, sino de “ojos de ternero” (“Afise amaso y’inyana”).

El tiempo se enumeraba al ritmo de la cría: para evocar la mañana se decía “la hora del pastoreo”, para primera hora de la tarde “la hora de vuelta de los terneros”.

Las vacas mismas recibían nombres, haciendo referencia a su belleza o su carácter: “Yamwezi” (La que desciende de la luna), “Yamwaka” (La más bella del año) o “Jambo” (La palabra).


“Una vaca de dos patas”.

“Cuando se quería tener una propiedad, un favor o incluso una esposa, se daba una vaca”, explica Pierre Nduwimana, un campesino de Matana (sur).

“Para la dote, por ejemplo, se daba una o varias vacas, según la riqueza”. A cambio, según una expresión consagrada, “se decía que se iba a buscar una vaca de dos patas, que sacaba agua y cortaba madera”.

“Burundi había instaurado una civilización de la vaca”, resume el abad Ntabona: el animal “era una fuente de relaciones sociales”. “No eran tratadas como diosas como en India, pero eran relativamente sagradas y debían ser tratadas como tales”.

Antes incluso de la guerra civil, la colonización alemana, después la tutela belga, la explosión demográfica y la disminución drástica de las tierras dedicadas a la ganadería vencieron poco a poco este modo de vida. Con gran pesar para algunos burundeses.

“Mi padre tenía vacas, igual que mi abuelo y mi bisabuelo, pero yo ya no puedo mantener un rebaño”, se lamenta Pierre, funcionario. “Por supuesto que siento una gran culpabilidad, como si hubiera traicionado a mis padres”.


Desde el fin de la guerra, el rebaño -600.000 cabezas hoy en día- se ha reconstruido. Pero ahora hace falta mucho dinero para comprar una vaca, alrededor de 1.000 dólares, una fortuna en uno de los países más pobres del mundo. A no ser que se beneficie de la política de repoblación del rebaño.

Aproximadamente 25.000 vacas han sido distribuidas así desde 2008, en el marco de este programa que “pretende modernizar el sector para hacerlo productivo en leche, queso, abono”, explica M. Hakizimana.

Emmanuel Nibaruta, un campesino de 35 años habitante en la colina de Remera, en la provincia septentrional de Ngozi, “sigue dando gracias a Dios” por haberle dado su primera vaca.

Y mejor si no es una ankole, sino una frisona europea: produce 16 litros de leche cada día por uno solo por una vaca tradicional burundesa.


Pero el programa choca con un problema enorme: los ganaderos no tienen un lugar para transformar o vender la leche.

La única central lechera fue cerrada al inicio de la guerra civil. La leche es vendida por ciclistas que surcan las calles de la capital a todas horas del día.

“Esto nos desmotiva a nosotros los ganaderos, ya que estamos obligados a tirar la leche, cuando la comida y los medicamentos son tan caros en Burundi”, lamenta Anicet, funcionario y además propietario de una granja.

Burundi es el productor lechero más pequeño de África del Este (71.300 toneladas en 2011), lejos detrás de Kenia (2,5 millones de toneladas), Uganda, Tanzania (500.000 toneladas cada uno) y Ruanda (121.400 toneladas).

“Tenemos mucho retraso, es por esto se debe superar la cría de prestigio y encaminarse hacia una cría rentable”, reconoce M. Hakizimana. Pero “el camino será largo, muy largo”.

martes, 20 de agosto de 2013

El divorcio y la dote en Burundi


Sigo con mis recuerdos e historias de Burundi que me dejé sin contar. Resulta que casi al final de curso, con mis alumnos de tercero, decidí hacer un par de debates con el objetivo de que practicasen su competencia oral, y vaya si lo hicieron. Llevé ciertos temas pensados, pero al final tuve que cambiar al divorcio, muy controvertido en este punto del planeta, en el que más o menos se repartían al 50% los detractores con los defensores. Me llamó mucho la atención que, para ellos, uno de los motivos más justificados para el divorcio era la "insatisfacción en la cama", más que la violencia o la infidelidad. He aquí un par de frases al respecto:


- Bertrand Irakoze: “Estoy a favor del divorcio (…). No puedo tolerar infidelidad e insatisfacción en la cama porque he hecho matrimonio para tener una vida mejor. ¿Por qué vivir en tristeza? Es necesario divorciar cuando no tienes felicidad”.

- Bruce Irankunda: “Estoy a favor del divorcio (…). Cuando una mujer comienza a malgastar los bienes de la familia, cuando hay un desacuerdo en la cama, cuando la mujer duerme con otros hombres que su marido, no hay otro modo de hacer que el divorcio porque si la situación continúa en la misma manera un hombre intentará matar a su mujer”.


El segundo tema en cuestión fue la dote. Se trata de una tradición burundesa (y de otros países africanos) por la cual, la familia del novio hace una ofrenda o regalo a la de la novia, ya sea en dinero (lo más normal hoy en día) o en especias, para poder casarse con ella. Este es un tema un tanto controvertido, ya que en función de los estudios y la clase social de la chica, la dote tiene que ser mayor, por lo que algunas personas lo consideran como "comprar" a la chica, con lo que el debate fue interesantísimo. He aquí algunas opiniones:



- Jean Néri Ntwari: “Para mí, la dote es necesaria en Burundi. Porque cada país tiene su cultura y un país sin cultura está muerto. Muchas personas piensan que la dote es lo mismo que un precio que la familia de un chico da a la familia de una chica. Y la familia de la chica tiene su tiempo de traer regalos a la nueva familia. Además, la fiesta de la dote es una buena ocasión para todas las familias de conocerse y de mostrar que sus familias se convierten en una junta familia. Otra razón que no estoy contra la dote es que el dinero de la dote es la fundación de la nueva vida de esta nueva familia. Porque la familia de la chica usa este dinero para comprar la comida que esta familia trae a la nueva familia un día después del matrimonio. Para acabar, aconsejo a mis amigos de Burundi que no sean como el pastor que estudiamos en la clase, que olvidó su trabajo porque estaba viendo la televisión. Otros países tienen sus culturas que vemos en la televisión y es bueno para ellos, pero para la gente de Burundi pienso que la dote es muy importante”.

- Josselin Remeza: “Estoy en contra de la dot porque es una costumbre antigua que ahora no significa nada. La significación de la dot ahora ha cambiado, ahora es como comprar una vaca en el mercado. Porque los padres de la chica piden a la familia del chico dinero u otras cosas, y cuando la familia del chico no puede dar estas cosas el chico no puede casarse. Pienso que la dot no deberá ser una obligación para casarse porque a veces es un obstáculo. Para mí, debería dar o no la dot según que una persona tenga dinero o no”.

- Epipode Ndihokubwayo: “La dot es como comprar la camiseta en el mercado. Pero la esposa no es la camiseta o la avocado (aguacate). (…) La dot no es necesaria porque el dinero utilizado debería ser utilizado durante la vida de las dos personas porque muchas personas son muy pobres”.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Frases de mis alumnos burundeses


Aquí os traigo otra entrada que tenía escrita desde mi último día de trabajo en la Universidad de Ngozi, el pasado 21 de junio. Creo que vais a gozarlo:

Último día en la Universidad de Ngozi. Los profesores y estudiantes se pasean, ajenos a todo. Para ellos es un día más, pero no para mí. Me saludan, sin saber que quizás sea la última vez que nos veremos. Casi diez meses magníficos, sí señor. Y con esa sensación me quedo, la de satisfacción y alegría por un trabajo bien hecho. Es por esto que quiero que mi despedida sea más bien alegre, recordando los buenos momentos, sobre todo con mis alumnos, que son geniales.

Así que hoy, ahora mismo, me dispongo a compartir con vosotros las mejores frases, ideas y pensamientos de mis alumnos. Hay de todo: diversión, buen humor, traducciones imposibles, cultura y tradición, y también algo de tristeza. Empezamos.



Traducciones y frases surrealistas/curiosas:

- Enock Ndayishimiye (2º): Mon frère est très fatigué: Mi hermano es muy feo

- Jean Ntakirutimana (2º): Pollo: Manuel.

- Bruce Irankunda (3º): Haricots (judías): Maruhuana.

- Enock Ndayishimiye (2º): “Mario Balotelli es primero deportista que me parece en el mundo”. (*Nota: Aquí Balotelli es toda una celebridad).

- Jean Baptiste Karimanzira (2º): “Mi sobrenombre es Bigote”. / “Estoy feliz a ver los españoles porque son personas pacíficos”.

- Vincent Nkurunziza (2º): “Esta mañana no me he peinado”.

- Moïse Banayo (2º): “El viernes fui a Kayanza y compré dos gallos. La tarde alimenté las vacas”.

- Ferdinand Ndayikengurukiye (2º): “El fin de semana pasado até mis cabras”. / “Yo prefiero la carne a la manzana”.

- Alexis Nduwimana (2º): “El gobierno de Burundi detesta la homosexualidad.”

- Ezéquiel Nahimboneye (2º): Pido permiso para salir al exterior. “¿Por qué, Ezéquiel?”. Tengo un pequeño problema con mi organismo.

- Jean Ntakirutimana (2º):  “Juan adora a su novia porque es morena”.

- Christian Bigina (3º): “Me gusta perder el tiempo a internet en Facebook”.

- Chrétien Niyokwizera (3º): ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre? “Me gusta beber leche”.

- Epipode Ndihokubwayo (3º): “Tengo una buena mujer y un buen hijo”. / “Es preciso beber la leche para una buena vida”.

- Shabani Minani (2º): “A mí me encantan los muchachos”.

- Bertrand Irakoze (3º): “Odio tomar una fanta”. / “A mí me molestan las brochetas de vaca". / "Es una obligación no tomar la cerveza en la iglesia”.

- Célestin Nduwayo (3º): “Dame dinero, yo no diré nada”. / “A mí me molesta vivir cerca de una iglesia”.

- Hilaire Mwambarangwe (3º): “A mi familia le encanta ir a visitar a sus vacas y carneros en el mercado de Vyegwa”.

- Dative Niyonzima (3º): “A mí me da vergüenza beber cerveza en el mercado.” /  “Tienes que beber tu cerveza”.

- Elsie Aurore Kamukama (3º): “Nosotros odiamos hacer el gazpacho cada día”.

- Jean Paul Kabera (3º): “A mí me da pena matar una persona que tiene vida como yo”.

- Rémy Martin Rema (3º): “¿Por qué no has venido a la escuela esta mañana? A ti te da igual”.

- Bruce Irankunda (3º): “A mí me da vergüenza matar a un niño”. / “A mí me da miedo hablar swahili en el curso de español”.

- Mélissa Ngaruko (3º): “Dime tu problema, puedo sacarte las castañas del fuego”. “No seas un melón, tienes que pensar antes de hacer algo”. (Simplemente, genial).



Ante la pregunta, "¿Qué conocéis de España?", he aquí algunas respuestas:

- Países habla español (según mis alumnos): Italia, Estados Unidos, Suiza, California

- Comunidades Autónomas de España: Catalucia (Jean Méri Ntwari, 3º); Andaluña (Dieudonné Kwizera, 3º); Jerez (Voila Nzeyimana, Josselin Remezo, 3º).

- Dative Niyonzima (3º): “La vida en España: Es muy difícil”.

- Epipode Ndihokubwayo (3º): “La vida en España es muy buena porque hay mucho a comer y la populación no es antipática”.


Frases especialmente dedicadas a mi persona:

- Jean Ntakirutimana (2º): “Yo amo a mi profesor de español porque es serio”.

- Jean Baptiste Karimanzira (2º): “El profesor de español quiere a sus estudiantes”.

- Guy Octave Ndariragije(2º): “Admiramos al profesor de español”.

- Bertrand Irakoze (3º): “El viernes diré adiós a Andrés”.

- Rémy Martin Rema (3º): “Andrés necesita muchos dineros para ir a España”.



Cultura y tradición. Anécdotas de la vida en Burundi/Ruanda:

- Elias Mugabonihera (3º): “… y me gusta mucho buscar dinero porque vivir en la ciudad de Ngozi es muy difícil porque comer: dinero; dormir: dinero; visitar: dinero. Para vivir en la ciudad de Ngozi tú debes buscar dinero.”

- Abdoul Salaam Rwema (4º): En mi país, Rwanda, hay una costumbre para las chicas o mujeres que se llama “Gukuna”. Es una acción de tirar una parte del sexo para ser largo porque cuando hacer el amor es muy bien con el sexo largo. Antes muchas chicas aplicaban esta costumbre porque en ausencia de esta acción una chica no puede tener un marido, pero hoy no se aplica mucho.

- Elsie Aurore Kamukama (3º): “La vaca en Burundi es muy importante. Por ejemplo cuando tienes un amigo importante o cuando dos familias tienen una perfecta amistad pueden dar una vaca coma la presentación de su amistad. También cuando un chico y una chica quieren estar casados el chico debe dar una vaca a la familia de la chica. Antes, una persona que tiene una vaca se sentía rica, y cuando tú quieres a una persona puedes decirle “Que tengas una vaca”, y la persona está muy contenta”.

- Bertrand Irakoze (3º): “Un sábado, estaba con mis amigos, fuimos a una fiesta que un profesor organizó. Estaba muy contento porque hemos bebido y hemos bailado. La importante cosa esta noche era que Andrés bailaba con todos y que todos hablaban francés o español”.

- Rémy Martin Rema (3º): “Cuando era pequeño tenía mucha hambre, y en la casa no había comida. Mis padres fueron al campo y yo comencé a llorar porque tenía mucha hambre. Todo el mundo no estaba en la casa, unas personas iban al mercado y otras a la escuela. Continué llorando. En este momento vi un coche y este coche estaba conducido por mi tío y cuando él me vio, él abrió la puerta de su coche y tomome un queso y dos pizcas de pan. Dejé de llorar y me sentí muy contento. Inmediatamente olvidé esta situación”.

- Jean Paul Kabera (3º): “Cuando era pequeño, a mí me gustaba mucho guardar las vacas, en la maleza y cuando era mediodía, a mí me daba mucha hambre y sed y prefería atacar a una vaca que tenía la leche y comenzaba a beber la leche de la vaca como vaca pequeña hice utilizando mi boca y mis manos”.

- Prefiero guardar su anonimato, es demasiado triste (3º): “Cuando era pequeña me gustaba ir al mercado con mi padre y cada vez me compraba una ropa. Andábamos juntos y tomaba mi brazo, a mí me encantaba cuando estaba con mi padre, pero murió en 1993 durante la guerra de Burundi.”

viernes, 26 de julio de 2013

Partido oficial en Burundi


Vamos a volver momentáneamente a Burundi, allá por el mes de octubre del año pasado, concretamente el día 20. Ese día, en Ngozi se celebró uno de esos llamados "partido del siglo", al menos para mí, porque fue una experiencia que nunca olvidaré. Nos enfrentábamos "Les Chauffeurs" de Ngozi contra el "Mazout FC" de Bujumbura, y no fueron pocas las personas que vinieron a ver dicho espectáculo.



Se trataba de mi primer partido "oficial" en Burundi, con equipaciones, árbitro, jueces de línea, tablilla de cambios para el cuarto árbitro y todo el protocolo que exige un partido de verdad, pero en plan rústico. Antes del partido, calentamiento, foto oficial y los del otro equipo alucinando al ver a un muzungu. No sé por qué, me comparaban físicamente con Mata y hubo varios que hasta se hicieron fotos conmigo. De locos.

Tablilla para marcar los cambios y el tiempo adicional

Aspecto del "estadio", con bastantes espectadores

Y comenzó el partido. Empecé como lateral izquierdo y acabé de mediapunta, y os puedo prometer, aunque suene a tópico, que nunca he jugado un partido tan físico en mi vida. Jugué unos 70 minutos y acabé totalmente exhausto, pero muy feliz por la experiencia vivida, en un ambiente de total deportividad y juego limpio, que mucho podríamos aprender en Europa.





Y algunos se preguntarán, ¿el resultado? Pues victoria holgada de Mazout FC por 3-0; incontestable. Al final risas, fotos, felicitaciones y convivencia entre los dos equipos, como debe ser. ¡Así da gusto jugar al fútbol!

El gran Baden

Una posición muy "bauliana"

Fútbol físico en Burundi

Momento del cambio

martes, 16 de julio de 2013

El día en que casi me quedo en Burundi


Bujumbura, Burundi. Domingo 23 de junio de 2013. Me encuentro pasando mis últimas horas en Burundi acompañado de mi gente, ya que a las 19:50 sale mi avión: Bujumbura-Nairobi-Bruselas-Madrid. Pasamos la mañana en la playa, al borde del lago Tanganika, y por la tarde vamos un rato a ver conciertos, ya que se celebra la fête de la musique. Y como soy un chico responsable, a eso de las cinco me voy a la casa de mis amigos a recoger la maleta para irme al aeropuerto. Una vez allí, me ducho, me empiezan a dar regalos, nos hacemos fotos, y de pronto ¡eran las seis de la tarde! Así que me entra un poco la prisa, cierro la maleta y salgo con Amidou, Silvia y Teresa a la búsqueda de un taxi. Las seis y media y por fin estamos en dirección al aeropuerto, a donde se tardan unos veinte minutos en llegar; no iba sobrado de tiempo, precisamente.


En ese momento llamo por teléfono al Rector, el cual debía estar en el aeropuerto porque tenía que llevar a un profesor visitante estadounidense y, golpe de suerte, me dice que el avión sale dos horas de retraso. Acto seguido me echa la bronca, con razón, porque de no estar retrasado podría haber perdido el avión. Así que me doy media vuelta y me aseguro del horario del vuelo, que saldría finalmente a eso de la una de la madrugada. ¿Qué hago? Pues nada, decido dar una sorpresa a mis amigos presentándome en el restaurante en el que habían quedado para cenar y ellos flipando, claro. Ceno tranquilamente, me re-despido de ellos y me dirijo al aeropuerto a eso de las 22:30, esta vez con Saloum haciéndome el enorme favor de llevarme en su coche. Lo que no sabía en ese momento es que se avecinaba rock & roll...

Llego al aeropuerto con tiempo de sobra y me recibe, como es habitual, un policía con una kalashnikov, pidiéndome billete y pasaporte, ya que solo los viajeros pueden entrar en la terminal. Se lo entrego y me dice, ante mi sorpresa, que no puedo salir del país, ya que tengo un visado simple hasta 2014, pero le digo que me voy definitivamente y que no lo necesitaré más. Ahí me despido de Amidou, Silvia, Teresa y Saloum y entro a facturas mis dos enormes y pesadas maletas. Normalmente solo podía llevar dos maletas de 23 kg. y un equipaje de mano, y al pesarlos, sorpresa: una maleta de 33 kg. y otras de 17 kg. Me pasaba en 4 kg. Una auxiliar me pone la pegatina en la mochila que llevaría de mano, y el "jefe" me dice que no puedo pasar con eso, que es muy pesado. Yo, obviamente, empiezo a ponerle la cabeza loca contándole mi vida, que llevo muchos regalos porque vuelvo a mi país después de un año... y nada, le da igual. Le pregunto cuánto cuesta cada kilo y me dice que no, que hay que pagar 100€ por sobrepeso, ya sea de uno o veinte kilos. Y aquí es donde entra la picaresca, ya que no tenía ninguna intención de pagar ese dinero y tampoco tenía sitio en la mochila...


Le digo al tipo que tengo un portátil en mi maleta grande, y que sacándolo puedo aligerar el peso. Y, milagrosamente, lo saco y la maleta pasa a pesar 29 kg., lo que hacía un total exacto de 46 kg. Me dice que todo va bien, me da mi billete, me pone la etiqueta en el bolso del portátil, y en ese momento, cuando me estoy yendo, se da cuenta de que tengo ya un equipaje de mano. Me grita para que vuelva y lo miro con cara de "lo siento, demasiado tarde, te la he metido doblada". Y llego al escáner y control de pasaportes. Más rock & roll.

Entrego mi billete, mi tarjeta de salida de Burundi y mi pasaporte, y el policía, este más enterado que el de la puerta, me dice que no puedo salir del país porque es un visado simple que solo me permite la entrada del país y no la salida. Yo, al principio creo que es una jugarreta para asustarme o sacarme dinero, pero luego me doy cuenta de que va en serio: parece ser que debería haber ido a la oficina de la policía de fronteras en Bujumbura para "dar de baja" mi visado simple de dos años y así poder salir del país. Sin perder la calma, le cuento mi vida durante unos diez minutos, justificándome en que la Universidad se había encargado de tramitarme el visado y que me habían dicho que podía abandonar el país sin problema, siempre que fuera definitivamente. Él insiste en que no puedo salir del país sin hacer ese trámite y, por consiguiente, no puedo coger el avión. Tras una larga conversación me dice algo así como que, como he sido una persona que ha trabajado y ha hecho un buen servicio a Burundi y él también, podría dejarme pasar si a cambio le doy una "ayudita" luego en la cafetería... Yo, flipando aún, le digo que me parece bien, pero que solo tengo poco más de 1.000 FBU (unos 0,60€). Me dice que le puedo pagar en dólares o euros, pero le digo que no tengo, que los he facturado todos, a lo que acepta "echándome una reprimenda" porque siempre hay que llevar el dinero consigo. En realidad, tenía un billete de 100€, pero lógicamente no se lo iba a dar a él... En fin, corrupción de lo más barata.


Bastante aliviado y confiado, sigo mi camino, pero en ese momento me doy cuenta de que simplemente me habían dejado pasar, pero que no me habían sellado el pasaporte. Efectivamente, ahora sí estaba en el verdadero control de pasaportes, con dos policías bastante más serios con su ordenador, su ansiado sello y toda la pesca. Misma conversación, más rock & roll todavía. Pero este sí que se veía decidido a no dejarme pasar, simplemente porque era ilegal y porque él no parecía tan fácilmente corrompible. Así que me dice que no, y que me aparte para dejar pasar al resto de pasajeros. Esto ya no era tan divertido, aunque yo sigo tranquilo porque tengo un as en la manga: el billete de 100€. La gente y el tiempo seguían pasando, y ya quedaba menos de una hora para que saliera mi vuelo, y yo esperando...

...Hasta que llegó mi golpe de suerte. Dos parejas de franceses, de unos sesenta y tantos años, llegaron al control de pasaportes. Pasó el primer señor, pero cuando pidieron el pasaporte a su mujer los pararon a todos. ¿El problema? Habían entrado en Burundi por Ruanda hacía una semana, pero tenían un visado de solo tres días, así que tenían que pagar 40 dólares cada uno. El otro señor comenzó a gritar y a quejarse, y la mujer dijo que por qué habían dejado pasar a su marido y a ella no. ¿Resultado? Llamaron a su marido para que él también pagara, y este llegó enfurecido insultado a su mujer, a los policías y a toda la burocracia africana. La escena lamentable de gritos, ladridos y toda clase de sonidos guturales se prolongó durante más de cinco minutos, hasta que el policía se me acercó y me dijo las palabras mágicas: Mira, como tú tienes bastante más educación que estos señores te voy a dejar pasar, pero ellos van a pagar 40$ cada uno. Y me sonrió.


Así que ahí, con mi sellito, pasé a la zona de embarque más ancho que un torero. Y una vez allí le di su "merecida recompensa" al otro policía mediante el método tradicional burundés: billetes bien dobladitos, apretón de manos y a correr. Y ya el viaje fue coser y cantar, excepto por un niño que se pasó llorando el viaje hasta Bruselas. Todo por solo 1.300 FBU.

jueves, 27 de junio de 2013

Memoria de Jean Bosco


Hoy os traigo algo que escribí hace casi dos semanas pero que no pude publicar por falta de internet:

Este año no paran de sucederse situaciones surrealistas en  mi vida. La última de ellas ocurrió el pasado fin de semana, el sábado 15 de junio, con la defensa de la memoria de fin de carrera por parte de Jean Bosco Nkurunziza, estudiante ya licenciado en Traducción e Interpretación por la Universidad de Ngozi.



Resulta que este chico ha estado elaborando dicha memoria en español desde hace varios meses, basada en la problemática de las lenguas en la traducción de textos históricos, concretamente los centrados el racismo durante la colonización en África. Hasta aquí, todo normal, si no fuera por un pequeño detalle: yo he sido su director de memoria durante todo este tiempo, y el pasado sábado formé parte del tribunal de su defensa. A quien se lo cuente, no se lo cree.




Así que, de esta manera hemos compartido mucho tiempo juntos en estos meses, y hemos aprendido mucho los dos, cada uno de lo suyo. Y el colofón fue la defensa oral de la memoria, que hizo a un gran nivel, para orgullo de su joven y elegante director (es decir, yo). Aprobó con una nota de 13/20, y aunque ambos pensemos que mereció algo más, lo importante es que ahora es licenciado, ha cerrado una etapa de su vida y tiene ante sí un montón de posibilidades de cara al futuro. ¡Enhorabuena Bosco! Mucha suerte, y que se cumplan todos tus sueños.



martes, 25 de junio de 2013

Tuzosubira Ngozi. Tuzosubira Burundi.


Ça y est, c’est fini. C’est tellement bizarre se retrouver encore une fois en Europe… Je ne suis même pas conscient de que je viens de fermer un chapitre très important dans ma vie, peut-être le meilleur, le plus beau. Maintenant, ils m’attendent quelques mois d’incertitude : été en Espagne en galère, et après, tout est possible. Mais il y aura le temps d’accabler…

Ngozi. Burundi. Afrique. Presque dix mois. Je ne pourrai jamais décrire ce que j’ai vécu, ce que signifie pour moi cette expérience. Et je ne pourrai non plus assez remercier à tous les gens qui m’ont accompagné pendant cette aventure. Vraiment, merci à toutes et à tous.


Presque dix mois pleins de nouvelles sensations. Un nouveau pays, une nouvelle culture, des nouveaux gens. J’espère que je pourrais bientôt retourner (ou revenir, excusez-moi, je n’arrive jamais à gérer ces deux verbes), j’ai laissé beaucoup des gens et des choses que je ne peux pas abandonner si facilement. Je vois que mes idées se mélangent dans ma tête sans aucun sens; c’est très difficile écrire en ce moment pour moi. C’est comme si j’étais dans des montagnes russes, en passant de haut en bas très rapidement.

Comme on dit, « les endroits les font les personnes », et cet endroit est tellement beau pour moi grâce à ses personnes :


- Amidou. Il a été mon âme sœur pendant tout ce temps. Grâce à lui j’ai connu le vrai Burundi et j’ai appris à aimer ce pays, avec ses défauts et ses vertus. Un frère pour toute la vie.
- Giulia. La presque parfaite compagne de voyage et du quotidien, on a parcouru un joli morceau de l’Afrique de l’Est ensemble en vivant des moments inoubliables.
- Silvia. Une super amie, toujours préoccupée pour qu’on soit comme chez nous.


- Mes chers colocs : Clara, Brian, Val et Kopas. Il a été un vrai plaisir vivre, partager des longues conversations et faire la fête ensemble.
- Teresa. Une pauvre rebelle, obligée à faire une vie de sœur. Grande amie !
- Tous les gens de l’Université de Ngozi : Monsieur le Recteur Apollinaire, Hélène, Ildephonse, Lambert, Ernest, Augustine, Trésor, Désiré, Dieudonné, André, Noé, les femmes de la comptabilité et la scolarité et tout le reste de professeurs.
- Tous mes étudiants de la 2ème Candi, 1ère Licence, 2ème Licence et le Club d’Espagnol, pour son intérêt et son irréprochable attitude. Et bien sûr, spécialement à Jean Bosco pour le dur travail qu’il a fait pendant toute l’année.


- Mes gens de Ngozi : Souleyman, Tigana, Arsène, Saloum, Daniela, Ornella, Muco, Estella, Elsie, Mélissa, Chadia, Zai, Kadafi et toute la troupe de foot, Abdoul Jabaal, Baden, Boundes, Julien, Jean Baptiste, Mama Stifler, Mama Ido, les italiens, les gens de l'hôpital et Dusangire, et enfin, tous les gens qui m’ont accompagnés pendant mon séjour.



- Les rwandais, pour son amabilité et magnifique accueil, spécialement Assia, Marius et toute sa famille.
- Et évidemment, toute la famille de Bujumbura, que j’ai connu un peu « en retard », mais que j’ai adoré trainer avec… vous êtes merveilleux: Micha, Quentin, Daniil, Olive, Nico, Delphine, Jonathann, Florie, Larissa, Marion, Ade, Iolanda, Anna, Sasha, Grace, MC, Magali, Jess, Céline, Alexis, Ben, Gloria, Fiona, Natsumi, Kimbol, Gaëtan, Henri, Django, Imbo, Jah, Buz… bref, je suis sûr que j’oublie quelqu’un, mais vous êtes tous inclus !!




En résume, merci beaucoup à tout le monde, sans vous ces dix mois n’auraient jamais été si spéciaux. Une partie de ce pays et ses gens viendra toujours avec moi, et une autre partie de moi restera là-bas pour toujours.

Amahoro bagenzi. Tuzosubira Ngozi. Tuzosubira Burundi…

PS. J’ai piqué quelques photos sur facebook parce que je n’ai pas des photos avec les gens de Buja… c’est triste!!


miércoles, 12 de junio de 2013

Dos semanas

Momento de inspiración el domingo pasado. Siento haber abandonado esto tanto tiempo, pero ahora no tengo tiempo para nada...

Bob Marley de fondo suena en el autobús. Voy hacia Bujumbura para la despedida del gran Kopas, pero en mi cabeza no para de dar vueltas la idea de mi propia despedida. Dos semanas. Dos semanas, y los casi diez meses que he vivido en este rincón del corazón de África habrán terminado. ¿Para siempre? ¿Volveré? Nunca se sabe, pero lo que es seguro es que un trozo de mí se queda aquí, y que un trozo de este bello enclave siempre vendrá conmigo, acompañándome allá donde vaya. Una vez más me tengo que despedir de un lugar maravilloso y de su maravillosa gente. ¿Hasta cuándo durará esto? Tampoco puede saberse, el tiempo lo dirá, es muy sabio.



Estoy feliz de reencontrarme con mi gente, pero en este momento, en este autobús, la sensación es más de nostalgia y melancolía por lo que dentro de dos semanas serán solo recuerdos. Dos semanas. Y ahora sonrío. Es increíble cómo la vida puede dar tantas vueltas, y cómo el camino que trazamos puede llegar a ser tan hermoso. Sonrío, sí, y tengo motivos para hacerlo: soy realmente afortunado. Es imposible describir en unas cuantas líneas el sentimiento que me invade, la paz interior, el enriquecimiento personal y el enorme aprendizaje que me ha aportado, no solo esta experiencia, sino todas las anteriores. El mundo es demasiado grande y demasiado bonito. Miro a la izquierda, por la ventana, y un enorme valle repleto de plataneras me recuerda donde estoy. Y sonrío. Dos semanas…

sábado, 25 de mayo de 2013

Marché de Ngozi


Os presento el mercado de Ngozi, el centro neurálgico de la ciudad. Aquí podemos encontrar todo lo necesario para la supervivencia y el día a día, y mucho más. Para comenzar, el producto estrella de todo muzungu, sobre todo entre el público femenino: las telas. Telas de todos los colores, con todo tipo de formas y dibujos. Ni que decir tiene que mi hermanita se volvió loca...


Luego, productos más básicos y necesarios: comida. Todo tipo de frutas, verduras, especias, legumbres, etc. En fin, productos de primera necesidad.





Aceite de palma, buenísimo para la salud

La sección de carnicería, por supuesto, donde este amable carnicero nos mostraba alegremente sus productos de primera calidad, como la pata de una vaca.


Y por último, la parte "de todo un poco", donde puedes encontrar hasta cosas que nunca sabrás para qué sirven...