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jueves, 26 de febrero de 2015

Tu frialdad


Buenas tardes. Después de mucho, demasiado tiempo, rompo mi silencio. Y nunca mejor dicho, porque vuelvo trayendo una canción grabada junto a mi casi hermano Dámaso Estévez a la guitarra, hace poco más de una semana en la eterna ciudad de Granada.

Viene acompañada de imágenes tomadas durante mi estancia en Burundi, hace ya casi dos años, cargada de melancolía. Es también, por qué no, mi forma de dar las gracias a Dámaso y a toda la gente que me acompañó en esa aventura, seguramente la más enriquecedora de mi vida. ¡Amahoro!

Espero que os guste y la disfrutéis, pese a haber sido grabada con muy pocos medios. Tu frialdad...


PD. Para verlo mejor, podéis ampliar el vídeo o ir al enlace de youtube.


miércoles, 15 de mayo de 2013

Parque Nacional de la Rusizi


El Parque Nacional de la Rusizi, otra pequeña maravilla natural escondida en este rinconcito africano. Se trata de una zona protegida que comprende el río Rusizi y sus alrededores, formados por zonas pantanosas y de sabana herbosa y arbolada, y que da cobijo a decenas de especies diferentes de aves, antílopes, cocodrilos y sobre todo, varias familias de hipopótamos, hasta un total de unos 280 ejemplares, según los guardas forestales.


Pelea de hipopótamos en directo


Pues ahí que nos dimos una vuelta en barco, hasta llegar a la desembocadura del río, en Lago Tanganika. Justo en este punto, la imagen es espectacular, con el contraste de las turbulentas aguas marrones del río con el color azul del apacible lago.

Desembocadura del río Rusizi

Pescador en la desembocadura

Atardecer en la Rusizi

Luego volvimos a remontar el río, cruzándonos con pescadores y todo tipo de aves. Finalmente llegamos a un pequeño pueblo, donde las mujeres lavaban sus ropas y los niños jugaban y se bañaban alegremente, a escasos metros de varios hipopótamos.

Cormorán y garza, de charla vespertina

Aves y nidos extraños, de los que se ven en los documentales de la 2

Mujeres lavando

Lo dicho, otra joya desconocida de Burundi. Y una vez más, en la mejor compañía posible...

Ante todo, seguridad. Chalecos 100% homologados


domingo, 12 de mayo de 2013

Lago Tanganika


Aquí os presento el primer capítulo de la estancia de mi querida hermanita en Ruanda y Burundi. Una de las paradas que hicimos fue en Bujumbura, donde, entre otras cosas, disfrutamos de un maravilloso paseo a orillas del Lago Tanganika.


Barcos de pescadores, taxistas de bicicletas lavando su elemento de trabajo, niñas y familias bañándose despreocupadamente, taxi-barcos de paseo... y dos turistas "bazungu". Y todo esto con Bujumbura y la República Democrática del Congo contemplándonos de fondo. Un paisaje idílico, una compañía inmejorable.








lunes, 29 de abril de 2013

El pastorcillo valiente


Con un poco de retraso, aquí llega la estrella del mercado de Vyegwa de la que os hablé en la última publicación: el pastorcillo valiente.


Este pequeñajo, vara en mano y pese a sus problemas de equilibrio, tenía a sus dos cabras perfectamente controladas, ante las miradas de asombro y las risas de los demás ganaderos y visitantes.


De vez en cuando daba algún que otro tirón de la cuerda, o las golpeaba con su vara, y estas ni se atrevían a moverse. Con este tipo de gente, ¡Burundi tiene un buen provenir asegurado!


jueves, 18 de abril de 2013

Mercado de ganado de Vyegwa


¡Bienvenidos a, probablemente, el mayor y más interesante centro comercial de Burundi! Os presento el mercado de ganado de Vyegwa, que se monta cada miércoles, llueva, truene o haga canícula, a varios kilómetros al este de Ngozi.


Ayer tuve el enorme privilegio de darme una vuelta por él para respirar la cultura más tradicional de Burundi, y volví maravillado. En principio, es un gran mercado de venta de ganado, situado en medio de la nada, sobre una colina. Pero con el paso del tiempo ha ido creciendo para ofrecer a su selecta clientela mucho más que simples cabezas de ganado.
En primer lugar, nada más llegar encontramos la “sección de ganado bovino” en una amplia explanada inundada de excrementos y fango. Corriendo sin control y perseguidos por sus dueños, podemos ver numerosas vacas, terneros y otras especies de impresionantes cuernos. Otras, sin embargo, se limitan a comer forraje tranquilamente, que también se puede comprar aquí.


Junto a estos, se encuentra la “sección caprina”, con cientos de cabras corriendo y saltando, con las patas atadas o con sus dueños llevándolas agarradas por las patas delanteras como si las cogieran “de la mano”, con los consiguientes problemas de equilibrio de los pobres animales. Fue aquí donde vi lo mejor de todo el mercado, pero esto se merece una entrada aparte…


Vecina a la misma, podemos deleitarnos con la “sección ovina”, con decenas de ovejas de varias especies, balando como queriendo llamar nuestra atención.


Seguimos paseando por el centro comercial hasta toparnos con la pequeña “sección avícola”, donde podemos comprar gallos, gallinas y pollos a sus simpáticos vendedores.


Entre tanto animal vivo, también podemos endulzarnos la mañana pelando y chupando caña de azúcar recién cortada y expuesta en la sección “carpintería” (por ejemplo, no sabía dónde ubicarla).


Otra manera de tomar algo dulce y sano es degustando alguna de las frutas exóticas de la “sección de frutería”, sobre todo piñas y bananas, aunque también frutas de la pasión (maracuyá).


Si por el contrario lo que queréis es relajaros fumando algo natural, lo mejor es pasarse por el “estanco” para comprar hojas de tabaco seco, listo para fumarlo. Según me cuentan, la tos intensa está garantizada.


¡Más aún! Para los amantes del deporte, podemos encontrar una amplia gama y variedad de bicicletas en la sección “dos ruedas”. Eso sí, que nadie espere bicicletas con piñones y platos; eso es solo para débiles. Por cierto, dicen las malas lenguas que son todas robadas, así que por si acaso, lo mejor es comprar también un buen candado.


Obviamente, y como en todo buen centro comercial que se precie, no puede faltar la ropa de primeras marcas. Aquí tenemos “Zara”, “Cortefiel”, “Springfield” y todo lo que necesitéis, siempre con los precios más competitivos.


Y nos vamos adentrando en el pasillo central, donde se concentra gran parte del bullicio de este animado mercado, y que nos lleva a otra parte importante. Más ropa, zapatos y otros complementos hacen las delicias de los visitantes, todo bañado en charcos y barro.


Aquí, en el centro del mercado, encontramos los restaurantes de “fast food”. Por ejemplo, podemos deleitarnos probando el “queso de Congo”, que no tiene nada que ver con el queso, ya que es una pasta de mandioca envuelta en sus propias hojas. Todo esto mientras lo que queda de una vaca (con el rabo incluido) nos observa colgando de un gancho.


Por último, como no podía ser de otra manera, tenemos varios puestos de brochetas con bananas asadas. Aquí puedes elegir qué parte de la vaca o la cabra te quieres comer, la cual no hace ni media hora estaba corriendo por la explanada. ¿Quieres el lomo? ¿La pierna? ¿Los intestinos o el hígado? Sin problema, la brocheta será tuya en pocos minutos. Y lógicamente, ya que estamos en Burundi, hay cerveza. Mucha cerveza. Y todo el mundo la bebe, y todos hablan con todos.


¿Y cómo acabé yo mi visita a este mágico lugar? Exactamente, devorando dos deliciosas brochetas de cabra con bananas asadas, acompañadas de una fanta, por un precio irrisorio. Antes de que nadie me ataque, en mi defensa diré que era muy temprano para una cerveza, y de nuevo anticipándome a cierto personaje de Monesterio que dice que “para conservarse como el bronce, la primera a las once”, resulta que justo después tenía una reunión en la Universidad, así que no era plan de tomar cerveza a esas horas, que aquí las venden de casi un litro.


Así que nada, ya sabéis, el que se quiera llevar un animalito a casa… ¡A negociar! Y queda pendiente la estrella del mercado para otra ocasión. No os defraudaré.

miércoles, 10 de abril de 2013

Las cataratas de la Karera


Las cataratas de la Karera completan la trilogía de historias del viaje que hice en noviembre, donde además visité la faille des Allemands y conocí a los tambourinaires de Gishora. Estas cataratas se encuentran escondidas en medio de un frondoso bosque de árboles enormes, como tuliperos, sterculias y cordias africanas, el árbol con el que se hacen los tambores tradicionales de Burundi.




Por este impresionante paraje nos estuvimos paseando durante toda una tarde, guiados por un guardabosques, el cual nos mostró las diferentes cascadas que se encuentran en este ecosistema. De la nada, aparecían saltos de agua de decenas de metros de altura, aunque en ocasiones el acceso a los mismos era bastante complicado.




Y aparte, vimos no pocos tipos de insectos diferentes, como mariposas, milpiés o escarabajos, y de hongos, que casi daban ganas de comérselos. En fin, un bonito y agradable lugar, muy recomendado para pasar un día en él, aunque, eso sí, si no tienes coche propio es imposible llegar.


Gandalf burundés


miércoles, 3 de abril de 2013

Faille des Allemands

Hoy, otro rinconcito de Burundi, que hace tiempo que no hablo de mi país de acogida. En este caso os traigo la famosa Falla de los Alemanes, una espectacular grieta fruto del movimiento de las placas tectónicas y que se encuentra cerca de Nyakazu, en el sureste del país. Este fenómeno de la geología tiene más de 700 metros de profundidad y debe su nombre a que a principios del siglo pasado albergaba un fuerte militar alemán destinado a vigilar la frontera con Tanzania, justo en la llanura que podemos ver al fondo de la foto.


Y aquí estuve yo, allá por el mes de noviembre, muy bien acompañado por buenos amigos y un ejército de niños curiosos por la presencia bazungu. Próximamente, otro episodio de este viaje que nunca terminé de narrar, y donde también disfruté de los tambourinaires de Gishora.


sábado, 16 de febrero de 2013

Sengi

Os presento a Sengi, probablemente el gato más mimado de toda África. Es el gato de Brian, uno de mis compañeros de piso franceses, y tengo con él una extraña relación amor-odio. Nunca me han gustado los gatos por su carácter arisco e interesado, pero la verdad es que este gato es adorable y bastante divertido, casi siempre está durmiendo en las posturas más extrañas, y solo se despierta para comer y jugar.


Aunque hay veces que lo odio un poco. Probablemente sea porque vive y come mejor que el 90% de los burundeses, y eso para mí es inaceptable. Si le pones las sobras de arroz en un plato te mira y parece decirte "eso te lo comerás tú, a mí me pones otra cosa", y ni se molesta en olerlo. En fin, ya conocéis a nuestro gato giallo. ¡Buen fin de semana!


sábado, 19 de enero de 2013

Isla de Zanzíbar

Y llegamos al último capítulo de esta doble trilogía sobre Tanzania, que nos llevó a la paradisíaca isla de Zanzíbar. Como no podía ser de otra manera, tenía que concluir el viaje con un poco más de relax, que se prolongó durante tres sabáticos días.


Me quedé en Stone Town, un mágico lugar Patrimonio de la Humanidad que ha vivido cientos de historias y que ha visto pasar todo tipo de civilizaciones y colonizadores: persas, árabes, portugueses, británicos... El resultado es una arquitectura alucinante que mezcla lo arabesco con lo colonial, con esa influencia africana tan personal. Su mercado y sus angostas y serpenteantes calles, llenas de mezquitas y de descascarilladas casas, rebosan vida, repletas de ciudadanos que comparten juegos de mesa, conversaciones, pescado frito o un simple té. Porque este es otro de los atractivos de Stone Town, los puestos de comida en la calle. Aquí puedes encontrar todo tipo de manjares: brochetas de pescado, marisco o carne, pulpo, calamares, gambas o varias clases de pescado frito. Obviamente no me quedé con las ganas de probarlo, y una noche disfruté de un plato de calamar y ndagala fritos, mandioca hervida y una salsa picante hecha de mango. Ríquísimo. Y por menos de un euro.





Aparte de la belleza de Stone Town, Zanzíbar cuenta también con hermosas playas. En la ciudad, llenas de gente bañándose y haciendo deporte, con sus barcos pesqueros tradicionales de fondo. Fuera de ella, kilómetros de playas casi vírgenes donde solo puedes encontrar palmeras sobre arena fina, coloridos y asustadizos cangrejos y algún grupo de pescadores con sus quehaceres diarios. En una de estas playas, en Bububu, pasé un día entero y, de hecho, los pescadores muy simpáticos, se acercaban a interesarse y preguntar qué hacía allí. Me traigo también el recuerdo de un erizo de mar que pisé con ambos pies y del que aún guardo algún recuerdo profundo.





Y nada, creo que es todo. Me he traído una experiencia muy gratificante con este viaje, inolvidable, aunque siempre hay aspectos negativos. ¿Lo dudáis? Por supuesto que los hay. Me han defraudado bastante los tanzanos en general, por su enorme falta de honradez, siempre tratando de estafar al muzungu. La vuelta en bus también merecería una entrada aparte, con más de 33 horas encerrado en un infierno, con los pasillos llenos de gente, maletas, sacos de fruta, e incluso gallinas correteando. Aunque a decir verdad, ahora lo recuerdo con simpatía. En fin, que os recomiendo a todos que, si podéis, os deis una vuelta por este sorprendente país. ¡Salud!