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sábado, 19 de enero de 2013

Isla de Zanzíbar

Y llegamos al último capítulo de esta doble trilogía sobre Tanzania, que nos llevó a la paradisíaca isla de Zanzíbar. Como no podía ser de otra manera, tenía que concluir el viaje con un poco más de relax, que se prolongó durante tres sabáticos días.


Me quedé en Stone Town, un mágico lugar Patrimonio de la Humanidad que ha vivido cientos de historias y que ha visto pasar todo tipo de civilizaciones y colonizadores: persas, árabes, portugueses, británicos... El resultado es una arquitectura alucinante que mezcla lo arabesco con lo colonial, con esa influencia africana tan personal. Su mercado y sus angostas y serpenteantes calles, llenas de mezquitas y de descascarilladas casas, rebosan vida, repletas de ciudadanos que comparten juegos de mesa, conversaciones, pescado frito o un simple té. Porque este es otro de los atractivos de Stone Town, los puestos de comida en la calle. Aquí puedes encontrar todo tipo de manjares: brochetas de pescado, marisco o carne, pulpo, calamares, gambas o varias clases de pescado frito. Obviamente no me quedé con las ganas de probarlo, y una noche disfruté de un plato de calamar y ndagala fritos, mandioca hervida y una salsa picante hecha de mango. Ríquísimo. Y por menos de un euro.





Aparte de la belleza de Stone Town, Zanzíbar cuenta también con hermosas playas. En la ciudad, llenas de gente bañándose y haciendo deporte, con sus barcos pesqueros tradicionales de fondo. Fuera de ella, kilómetros de playas casi vírgenes donde solo puedes encontrar palmeras sobre arena fina, coloridos y asustadizos cangrejos y algún grupo de pescadores con sus quehaceres diarios. En una de estas playas, en Bububu, pasé un día entero y, de hecho, los pescadores muy simpáticos, se acercaban a interesarse y preguntar qué hacía allí. Me traigo también el recuerdo de un erizo de mar que pisé con ambos pies y del que aún guardo algún recuerdo profundo.





Y nada, creo que es todo. Me he traído una experiencia muy gratificante con este viaje, inolvidable, aunque siempre hay aspectos negativos. ¿Lo dudáis? Por supuesto que los hay. Me han defraudado bastante los tanzanos en general, por su enorme falta de honradez, siempre tratando de estafar al muzungu. La vuelta en bus también merecería una entrada aparte, con más de 33 horas encerrado en un infierno, con los pasillos llenos de gente, maletas, sacos de fruta, e incluso gallinas correteando. Aunque a decir verdad, ahora lo recuerdo con simpatía. En fin, que os recomiendo a todos que, si podéis, os deis una vuelta por este sorprendente país. ¡Salud!


miércoles, 16 de enero de 2013

Océano Índico: Tanga, Dar es Salaam y Bagamoyo

Una vez concluida la aventura de los safaris, llegó el momento de poner rumbo a la playa para unos días de relax. La primera parada fue Tanga (curioso nombre, acepto comentarios jocosos), aunque en el camino me encontraría con una grandiosa sorpresa: el Kilimanjaro. De pronto, en medio de una enorme llanura, se elevaba esta enorme montaña, la más grande de todo África, como si alguien la hubiera puesto allí por capricho. Alucinante.

El Kilimanjaro, observándonos

A mediodía llegamos a Tanga, donde pasé dos días de absoluto reposo: playa y paseos por el pueblo para visitar el mercado, contemplar a los pescadores y poco más. De allí me traigo algunas artesanías y la primera sensación de bañarse en el Océano Índico, en sus aguas cristalinas:




Con el año 2012 casi terminado, llegó el momento de poner pie en Dar es Salaam, la capital económica de Tanzania. Allí nos esperaba otro couchsurfer para acogernos, el espigado rastafari Leonard, que resultó ser todo un agradable descubrimiento y, para mí, lo más interesante de Dar. Este treintañero, tras más de cinco años en Europa (Suiza), decidió volver a su país de origen para dedicarse de forma autónoma a su mayor pasión: los insectos. El trabajo de este caballero funciona más o menos así: coge su petate, se va uno o dos meses a la selva, y se dedica a cazar insectos para luego disecarlo y venderlos por internet a coleccionistas occidentales. Nos contaba que algunos de los insectos le pueden reportar más de 200 €, pero lo que más le gustaba era "no tener jefe" y poder organizar él mismo su tiempo. Me pareció realmente muy interesante conocer a este tipo, con el que pudimos hablar de muchas cosas, y que ha podido conocer la realidad desde ambos lados: el mundo africano y el mundo muzungu. Y encima nos hizo un tour por el centro, nos ayudó para que no nos estafaran en el viaje a Zanzibar, y lo mejor, nos regaló unos insectos alucinantes. Leonard, eres muy grande.

Giulia, Leonard y su colección de insectos

Iglesia anglicana del centro de Dar es Salaam


Y por último, para cerrar la trilogía de la "gira" por la costa del Océano Índico, pudimos disfrutar la noche de Fin de Año en Bagamoyo, una ciudad tristemente famosa por el antiguo comercio de esclavos. Aquí llegamos con unos amigos de Leonard, tanzanos, alemanes y suizos, y pasamos un agradable 31 de diciembre como nunca habría soñado: bañándome en la playa, comiendo mangos cogidos directamente del árbol, degustando pescado fresco frito, y acabando en una fiesta de Fin de Año en la playa, entre muzungus y tanzanos. Bonita forma de despedir el año.



lunes, 14 de enero de 2013

P.N. Tarangire


Al día siguiente de la visita al Ngorongoro, aún con la emoción en el cuerpo, salí rumbo al Parque Nacional de Tarangire para disfrutar de mi segundo safari tanzano. La mañana amaneció gris, y pronto se puso a llover violentamente. Y no paró hasta que llevaba un buen rato en el parque, pero nos dejó un cielo espectacular.


Una vez dentro, pude deleitarme con los grandes atractivos del Tarangire: las enormes manadas de elefantes, los majestuosos baobabs y el serpenteante río Tarangire. Aparte, pude contemplar otro de mis animales favoritos, la elegante jirafa, además de gacelas, antílopes, cebras, mangostas, varios tipos de aves, termiteros, cientos de acacias, etc. En cuanto a los carnívoros, no hubo suerte, pero no importó porque lo disfruté muchísimo. Te pone la piel de gallina ver una manada de cientos de elefantes desplazándose en grupo entre los baobabs, observados impasiblemente por las jirafas. Capítulo aparte merece una pelea entre dos elefantes, en la que uno de ellos, para demostrar su poder y superioridad, atropelló y derribó literalmente un árbol.





Cualquier lugar es bueno para reivindicarse

Es aquí, en el P.N. de Tarangire, donde he aprendido a amar a este noble animal, y he descubierto su magnificencia. Querido elefante, ya eres uno de mis favoritos. Volveremos a vernos.







domingo, 13 de enero de 2013

P.N. Ngorongoro

Y se cumplió otro de mis sueños: hacer un safari. El destino, el Área de Conversación de Ngorongoro, un Parque Nacional Patrimonio de la UNESCO, situado junto al célebre Serengeti, de una belleza y una magnitud impresionantes. Al entrar al parque y recorrer varios kilómetros, desde lo alto, se puede contemplar el enorme cráter del Ngorongoro, originado hace miles de años por la erupción de un volcán, y que actualmente alberga a miles de animales en libertad y decenas de especies diferentes.

Vista del Cráter del Ngorongoro
Una vez dentro, la sensación fue indescriptible para mí. Todos esos animales que había visto tantas veces de pequeño en los documentales de la 2 o de David Attemborough estaban ante mi, a escasos metros, en perfecta paz y armonía. Cebras, ñús, búfalos, gacelas Thomson, varias clases de antílope, facóqueros, elefantes, babuinos, hipopótamos, leones, hienas, perros salvajes, cientos de tipos de aves... Los que me conozcáis bien comprenderéis que en ese momento me faltó poco para llorar de pura felicidad, y ni que decir tiene que hice cientos de fotos. De verdad, no puedo describir con palabras la sensación de haber estado ahí, ante tantos animales salvajes, durante unas siete horas, sonriendo estúpidamente. Mejor que os deje unas cuantas fotos de los protagonistas:




El extraño elefante de cinco patas, endémico del Ngorongoro









Un poco de literatura en familia, comiendo pollo

Equipo al completo: España, Italia, Corea, Rumanía y Rep. Checa


jueves, 10 de enero de 2013

Mwanza y Arusha (Tanzania)


Estas fueron las dos primeras paradas de mi ruta por Tanzania, dos grandes ciudades del norte del país: Mwanza, situado a orillas del inmenso Lago Victoria; y Arusha, entre los grandes parques nacionales y el Kilimanjaro, a la sombra del imponente Monte Meru. En ambos destinos decidimos hacer couchsurfing (alojarse en casa de gente local, gratuitamente) para ahorrar unos cuantos Shilling Tanzanos, y fue una bonita experiencia, aunque diferente en cada ciudad.

La primera parada la realizamos en Mwanza, donde estuvimos dos noches alojados en casa de unos simpáticos chinos: Feng y Huang. Se portaron realmente bien con nosotros, y aunque tuvimos mala suerte con el tiempo y no pudimos visitar alguna de las islas del Lago Victoria, hicieron de esta una estancia maravillosa. Nos hicieron una visita guiada por la ciudad, en la que nos mostraron varios mercados locales, uno de ellos enorme, en pleno centro, y el vibrante puerto sobre el lago, lleno de vida, además de darnos un agradable paseo a orillas del mismo. Me llamó mucho la atención un ave enorme y horrenda, que se paseaba entre la gente comiendo toda la basura que encontraba a su paso. Su nombre, traducido del swahili, significa algo así como "el que lo limpia todo". No sé en qué película de Disney he visto este pájaro anteriormente...

Lago Victoria y mercado de pescadores

Los calvos y feos pájaros del Lago Victoria

Otra de las cosas que me sorprendieron de Mwanza (y posteriormente del resto de Tanzania) fue la diversidad cultural que encontramos, y la cantidad de hindúes que hay. Tanto es así, que tuvimos la oportunidad de visitar dos templos de religiones hindúes diferentes, y acabamos en un concierto en uno de ellos, por el cumpleaños de su líder espiritual. La música, verdaderamente psicodélica.

Templo hindú en pleno centro de Mwanza

Por último, como guinda del pastel, Feng y Huang nos invitaron a una cena con unos amigos (chinos también, por supuesto, no se suelen mezclar mucho con otra gente), en la que pudimos probar la verdadera comida china. Deliciosa. Eso sí, ninguna de las cosas que comí las había ni siquiera visto en los restaurantes chinos de España. Me pregunto por qué...

Cena china: pescado, marisco, verduras, pato, especias...

El día de Nochebuena, tocó viajar hasta Arusha. Fue un trayecto horrible de 14 horas, con un vecino al que le apestaban los pies de una manera patológica, en un autobús repleto de gente, incluso de pie en el pasillo, y que hizo un millón y medio de paradas. Pero finalmente llegamos medio-sanos y salvos, y allí estaba Godfrey, nuestro anfitrión tanzano, esperándonos. En esta animosa ciudad y sus alrededores pasamos cuatro noches, dos de las cuales fueron de inolvidables safaris que ya narraré en otra ocasión. En lo que a Arusha se refiere, aluciné con la magnitud de su mercado central, donde pasé casi un día entero contemplando sus pescados secos, especias, frutas, verduras, carnes, productos para la casa de todo tipo, etc.; o paseando por sus calles llenas de gente o por sus mercado masaai de souvenirs artesanales. También tuve tiempo para vivir la Nochebuena con una familia tanzana luterana criadora de pollos, cenando ugali, sopa de pollo y riñones, y "cantando" villancicos en swahili.

Mercado de Arusha

Pescado seco en el mercado de Arusha

Un piscolabis 100% tanzano

La verdad es que estas dos ciudades, tan diferentes, me causaron una muy buena impresión. Mereció la pena detenerse en estos lugares antes de seguir rumbo al Océano Índico, mi siguiente parada.

Punto central entre El Cairo y Ciudad del Cabo, en Arusha