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domingo, 17 de junio de 2012

Odisea en el Paraná

Hoy os traigo una bonita historia que viví de primera mano hace ya más de siete meses (parece que fue ayer), y que escribí en mi cuadernito de viaje en alguna de mis idas y venidas a Sevilla, en aquellos tiempos antes de que Wert hiciera de las suyas e impugnara las oposiciones. Aquí os la dejo, tal y como la escribí aquel día de invierno.

Monumento a la bandera, en Rosario

Martes 8 de noviembre de 2011. Rosario, provincia de Santa Fe (Argentina). Me encontraba visitando a mi querida Luciana y a su encantadora familia, hasta que tuvimos la genial idea de hacernos una ruta en canoa por el imponente Río Paraná. Para poneros en situación, el Río Paraná, que atraviesa Rosario, es uno de los más grandes de Sudamérica, tanto que parece ser que tiene alrededor de 60 kilómetros... ¡de anchura! De hecho, cuando te das un paseo por Rosario y lo miras, lo que ves a lo lejos en el horizonte no es la otra orilla, sino pequeñas islas que asoman en el medio del río.

Pues bien, ese día Flor, la hermana de Lu, nos propuso salir con la canoa de un amigo para atravesar el Paraná hasta la primera isla, la Isla Verde, la que se ve en el horizonte, para allí poder disfrutar de un agradable picnic. "Un plan maravilloso", pensé, "esto sí es turismo alternativo". Y vaya si lo fue...

Lu y yo, en mi versión obesa, con la Isla Verde de fondo

El único problema era que la canoa era para dos personas, así que el plan era que Flor y yo la sacaríamos del puerto y remaríamos río arriba para buscar a Lu, que nos estaría buscando en una playita escondida. A partir de ahí nos iríamos turnando para poder disfrutar del paseo por igual. Los problemas siguieron cuando cómo bajaba el río. Lo hacía con una fuerza impresionante, ya que ese día pronosticaban tormenta para la tarde.

Llenos de motivación, sacamos la canoa y nos pusimos a remar río arriba, hasta encontrarnos con la grata sorpresa de ver a Lu encima de un pantalán, con las escaleras que bajaban directamente al río, con el consiguiente peligro de parar allí en medio y ser arrastrados hasta Buenos Aires o más allá. Aún no sé cómo lo hicimos, pero la recogimos, y de ahí comenzamos a atravesar el río, siempre en diagonal y contracorriente para poder llegar a una de las playitas que había en la Isla Verde, a unos cuantos kilómetros.

Al llegar, comimos unos suculentos bocadillos mirando con envidia a varios grupos de jóvenes que preparaban asado, y nos dimos un bañito para relajarnos. La verdad, un pequeño paraíso muy cerca de la gran ciudad.

Desde la Isla Verde

No sé si fue por la energía de los bocadillos o por qué, pero nos vinimos arriba y decidimos plantearnos un reto: rodear la isla río arriba para seguir atravesando el Paraná y llegar a la siguiente isla, un poco más alejada. Parecía factible, así que nos lanzamos. Ahora Flor descansaba, Lu remaba (poco) y yo también, dirigiendo desde atrás. Comenzamos a intentar remontar el río, pero al ver que no avanzábamos, Flor se cambió por Lu. Aquí mejoró la cosa hasta que llegamos a un lugar fatídico, una especie de punta que creaba una corriente que te arrastraba al medio del río, y de ahí hacia atrás. Hasta tres veces nos pasó esto, hasta que, a la cuarta, lo conseguimos pasar. Mientras, había dado tiempo a que una pareja de metrosexuales hipertrofiados nos adelantaran casi sin aumentar su frecencia cardíaca, aunque lo más grave fue una señora de unos sesenta y tantos años que también nos adelantó como si nada. Muy triste.

Tras esto, seguimos rodeando la isla río arriba hasta llegar con mucho esfuerzo al punto "más alto". Llenos de euforia empezamos a celebrarlo sin darnos cuenta de que la corriente nos arrastraba con demasiada fuerza río abajo. Resultado: acabamos atrapados entre las ramas de un árbol caído que nos frenó, y del que nos costó mucho salir. Incluso una lancha se nos acercó a ver si necesitábamos ayuda con cara de "estos pelotudos no sobreviven hoy...". Tras deshacernos del árbol, nos dejamos llevar hasta la isla esperada, donde reposaban los metrosexuales, la señora, y alguna gente más. Nos comimos una manzana cada uno, y nos dimos un merecido descanso.

Los tres suicidas, en la segunda isla, con la Isla Verde detrás

Estábamos bastante cansados ya, pero decidimos salir cuanto antes, ya que empezaba a nublarse y el río a revolverse más, y no queríamos que cayera la noche. "Solo" había que remontar el río hasta la punta de la primera isla, y de ahí atravesarlo aprovechando la corriente pero sin dejarnos llevar demasiado, paralelos al puente, para dejar a Lu en el mismo sitio y luego volver al puerto como si nada. Empezamos bien, con Flor y yo remontando, y una vez que comenzamos a atravesarlo, se puso Lu. Como dije, solo había que dejarnos llevar sin pasarnos, pero aún no me explico cómo hacía Lu para, o bien remar contra la corriente, o bien hacer preguntas rocambolescas para no remar, con lo que crecía mi agobio, ya que estábamos en medio del río, con una corriente bestial y sin chalecos salvavidas. Creo que nunca fuimos realmente conscientes del peligro que habría sido volcar...

Estampa en el Paraná

A todo esto, nos pasaron dos barcos enormes a poca distancia, los cuales hicieron unas olas bastante "divertidas", además de que había un barco de la prefectura (policía marítima), que si nos hubiera visto se nos cae el pelo y el bolsillo. Total, que al final Flor volvió a remar y entre los dos conseguimos dejar a Lu en una playa chunga y volver a puerto. Justo antes, los hipertrofiados hormonados nos volvieron a pasar como si nada, mientras se echaban agua con los remos. Al final, por cierto, casi me desmayo guardando la canoa, y volví a casa con la espalda, hombros y brazos a punto de reventar, y echando espuma por la boca.

Más tarde, efectivamente, cayó un tormentón impresionante, con granizos incluídos, que disfrutamos en casa comiendo pizza y bebiendo cerveza en buena compañía... Chufo y Batata eran, ¿no?

Para concluir con Rosario, también tuve tiempo de dar un bonito y caluroso paseo turísitico (efecto gamba incluído), comer un rico asado en familia y fotografiarme en un stand de Andalucía en una especie de feria de culturas del mundo.

Andalucía te quiere... ¡también en Rosario!

Me quedé con ganas de más, así que tendré que volver. Muchas gracias a todos, en especial a Lu, que aunque te de mucha caña, ya sabes que es desde el cariño... ¡Hasta pronto, Paraná!

Bonitas caras tras el palizón... ¡Mil gracias por todo!

lunes, 4 de junio de 2012

Una visita muy especial

El motivo de mi ausencia por estos lares en las últimas semanas ha sido este, o mejor dicho, ella. Efectivamente, he tenido la inmensa suerte y alegría de disfrutar de la visita de esta personita tan especial: Mer.

Han sido unos días de viajecitos y paseos plagados de momentos mágicos, que me han hecho volver a lugares tan lindos como Madrid, Arcos, Ronda, Córdoba o Sevilla, y que me han redescubierto muchos rincones de la bella ciudad de Jerez. Mil gracias por hacerme sentir tan vivo otra vez, aunque solo hayan sido unos días. Te voy a echar de menos, pequeña...


jueves, 15 de marzo de 2012

Casamiento Jor & Inu

Como lo prometido es deuda, aquí os traigo unas cuantas fotos del esperado acontecimiento salteño. Los días de estrés previos fueron olvidados por completo y al final fue una preciosa jornada en la que los felices novios estuvieron rodeados de su gente más querida, venida desde muchos puntos de este planeta azul, como Buenos Aires, Australia o Jerez.

Una bonita ceremonia religiosa, una acogedora ceremonia civil, canapés y bebidas de bienvenida, fotos y más fotos para la galería, entrada triunfal en el salón, suculenta y deliciosa cena, emotivo vídeo conmemorativo y fiesta hasta el amanecer, como mandan los cánones. Y como dos campeones, sin dormir, pusieron rumbo a ese paraíso llamado Cuba en el que ahora tienen que estar hinchándose a mojitos en la playa. ¡Vivan los novios!



 

lunes, 12 de marzo de 2012

Y al final, el traje me entró...

He aquí la prueba de que, desafiando las leyes de la física, conseguí abrocharme el botón del pantalón del traje, y de ahí no se movió en toda la noche...


Ahora pongo rumbo de vuelta a Jerez, a donde espero llegar el miércoles por la noche. Esta vez, el viaje no pinta tan mal como en la ida, pero no cantemos victoria antes de comenzar. Próximamente informaré más y mejor de algunos temas, pero ahora tengo que dejaros, ¡el deber me llama! Hasta pronto familia.

viernes, 9 de marzo de 2012

Precioso surrealismo


Anoche tuve la grandísima suerte de vivir un maravilloso reencuentro con mi querida prima Paula y su peculiar grupo de amigos andaluces. Fue una bonita noche de encuentro hispano-argentino lleno de risas, con bastante cervecita Salta y dietéticos bocadillos de lomo en un escenario cuando menos singular. Todo esto culminó con una vuelta por la animosa calle Balcarce, con el descubrimiento para algunos de curiosas costumbres de estos lares, como el coqueo o el fernet con cola. ¿Quién me iba a decir a mi que me encontraría con mi iliturgitana prima en el noroeste argentino? Surrealismo total.


domingo, 4 de marzo de 2012

Despedida de soltero salteña



Hoy, puedo decir muy orgulloso que he sobrevivido a una despedida de soltero al más puro estilo salteño, en la que unos acabaron mejor que otros. Fueron alrededor de doce horas de risas y charlas amenizadas por grandes cantidades de cerveza, vino, fernet con cola, "guitarreada" folklórica, y por supuesto, asado. Un espectacular y delicioso asado argentino que se te caían los lagrimones de alegría. Todo esto para despedir a Jor, al que le queda menos de una semana de soltería. ¡Mucha suerte y felicidad!


jueves, 1 de marzo de 2012

Jerez-Salta: La historia más larga jamás contada

Señoras y señores, ha llegado el momento de narraros la verdadera historia de cómo llegué a Salta desde Jerez. Intentaré no extenderme demasiado, pero ya sabéis que la brevedad no es una de mis virtudes cuando escribo.

Bien. Todo comenzó el pasado jueves, hace ya una semana, cuando, después de pasar la mañana preparando la maleta, puse rumbo a Sevilla en mi archiconocido tren de Media Distancia, en este caso en el de las 19h48 de la tarde. La explicación a esto es que el viernes por la tarde tenía academia, pero no iba a ir con la maleta, así que me fui la noche de antes para que mi hermano pudiera recogerme en la estación, pasadas las 21h00. El viernes por la mañana me fui al centro de Sevilla a dar una vuelta y hacer algunas cosas, y ya me quedé en la zona de San Bernardo donde me comí un bocadillo brutal de cochinillo, carne mechada, queso fundido y salsa gaucha, por el módico precio de 1,90 euros. Muy dietético, lo sé.

Sevilla, España

Por la tarde fui a la academia, y nada más salir me estaban esperando mi hermano y su novia con mi maleta, para cenar rápido y llevarme a la estación de bus, pues a las 23h15 me esperaba la maravillosa noche en el Socibus de aterciopelados asientos, como dije la otra vez. Por suerte o por desgracia llegó antes de lo previsto, a las 5h20 de la mañana del sábado, lo que me fastidió porque estuve pasando frío en el metro hasta las 6h00 que salía el primero. De todas formas me dio tiempo a hacerme amigo de un portugués pureta que estaba bastante perdido.

Total, llego a Barajas a eso de las 7am y me voy directo a facturar, aunque mi avión era a las 10h30. Me voy hacia American Airlines, me atiende una argentina simpática, me da una declaración de esas de las aduanas para que la rellene y me pongo en la cola. Todo sorprendente y maravillosamente bien, ningún problema. Bueno, sí, uno pequeño. Como en los viajes en los que pasas por EEUU y Bolivia hay que ser previsor, decidí que había que envolver la maleta en plástico, pero como la crisis nos azota a todos, decidí hacerlo por mis propios medios: compré film transparente y cinta aislante, y ahí que lo envolví, que parecía que a mi maleta se la iba a comer Ella-Laraña. Cuando Alisson, la chica del mostrador, vio eso, se le quedó una cara mezcla de incredulidad y simpatía, y me dijo que con eso no podía pasar porque solo se puede envolver en los puntos oficiales del aeropuerto. Nada, que te sacan el dinero sí o sí, así que pasé de gastar dinero, quité el plástico y así la mandé.


Para hacer tiempo me puse a rellenar lo de la aduana estadounidense, y me preguntaban si llevaba comida. Yo llevaba algo de jamoncito y lomo, pero como no quería que algún americano se diera un festín a mi costa, fui a preguntarle a mi coleguita argentina y me dijo que pusiera a todo que no, porque si no "goodbye jamon!". Poco más, pasé el control sin problemas y me fui a dormitar a un banco delante de la puerta de embarque mientras cargaba la batería del móvil en el mostrador de una compañía aérea israelí. Totalmente taleguero.
Llegó el momento de embarcar y... ¡oh, sorpresa! "Control aleatorio de seguridad". Efectivamente, me llamaron por megafonía para hacerme un control de seguridad "personalizado" por unos policías americanos, como no, y me imagino que como estaban aburridos, tenían ganas de joder, y no me encontraron nada, me dijeron que no podía viajar con la cinta aislante en el equipaje de mano porque era un elemento peligroso... Y yo, "What??", con cara de poker. Todo para nada, porque al final lo dejé igual y me monté con eso. Eso se llama paranoia y aburrimiento extremos.

Bien, vamos a ir acelerando que se me va de las manos. Me monto en el avión, todo perfecto, fila central, y viaje en plan animal primitivo movido por meros instintos: dormir, despertarse para comer o beber lo que me pongan por delante, seguir durmiendo, y vuelta a empezar. Así durante las diez horas que duró el vuelo, acompañado magníficamente por mi almohadita inflable salvadora de los chinos. Llego a Miami a las 14h00 hora local (20h00 en España), casi una hora para pasar el control de pasaportes donde me ponen el sellito después de tomarme todas las huellas dactilares y hacerme una foto (esto lo hacen a todo el mundo), y me dirijo hacia fuera.

Miami Beach, Estados Unidos

Todo bien, recojo mi maleta y la llevo a otro control, porque en EEUU aunque solo hagas escala tienes que volver a pasar la maleta por otro control. Termino todo esto, miro la hora: las 15h15. Me acerco a una señora que trabajaba allí pero no sé muy bien de qué, le pregunto alguna absurdez, y no sé cómo me acaba diciendo que si quiero me puedo ir a Miami a darme una vuelta. ¿Cómo? ¿A Miami? Por supuesto me emocioné al momento, me fui a información y me dijeron que, efectivamente, si quería me podía ir del aeropuerto, pero que ni se me ocurriera perder el avión porque se liaba el taco gordo, sobre todo porque yo estaba ahí con visa de tránsito, ni siquiera de turista. Sin dudarlo cogí mi mochila y me fui a la parada del bus sin tiempo que perder, ya que salía uno a las 15h30 hacia Miami Beach, ¡qué chulería! Pagué los cinco dólares del billete de ida y vuelta, y para allá que me fui.

Miami Beach, Estados Unidos

Me bajé en la punta de South Beach, al final del todo, y de ahí me fui directo a la playa, a tirarme en la arena como un perro y a mojarme los pies en el mar. ¡Genial! Ahí me quedé un rato, observando a la gente, y solo se escuchaba hablar español. Empecé a caminar por la orilla, dirección norte, viendo como a un mini niño negrito lo perseguían una bandada de gaviotas ante las risas de sus padres, y al cabo de un rato me salí de la playa para seguir por el paseo marítimo. Eso era un espectáculo: coches de lujo y estrambóticos, hoteles espectaculares, fiestones a las cuatro de la tarde, una señora comiendo con un loro en el hombro, y lo que más me sorprendió, casi todos los tíos y tías estaban realmente buenos, excepto algunos típicos casos de obesidad mórbida. Además, también tuve la suerte de confirmar que los policias hiper gordos devoradores de donuts... ¡existen! Seguí mi paseo por Espanola Way, Washington Avenue y Lincoln Road, haciendo fotos a todo, anonadado. Y eso de las 19h30 me monté en el bus de vuelta al aeropuerto, que no era plan de especular con la hora, ya que mi vuelo era a las 22h30. Algunos os sorprenderéis con mi previsión, ¡estoy madurando!

Miami Beach, Estados Unidos

Llego con tiempo de sobra y me dirijo al control de rayos, donde te hacen sacarte literalmente todo de los bolsillos, papeles incluidos, los zapatos por supuesto, y te hacen pasar por uno de esos escáneres modernos que parecen la máquina de Steve Urkel y que te desnudan. De locos. Para colmo de mi caraja, me voy olvidándome de un pequeño detalle: mi cinturón-riñonera donde llevaba el pasaporte, la cartilla de vacunación y todo mi dinero. ¡Muy bien chaval! Así que volví, se lo dije a una policía y tras "interrogarme" para que le demostrara que era mío, me lo devuelve.
En la puerta de embarque, otra anécdota digna de señalar: una señora deja una bolsa de plástico con flores horrorosas junto a un panel con los horarios de vuelos. Pensé que volvería, pero parece ser que su caraja era equiparable a la mía y se la olvidó. Al cabo de un rato aparece una policía bastante absurda y empieza a acercarse con aire desconfiado a la bolsa, sin tocarla, y diciendo por el walkie que había un "objeto sospechoso" y pidiendo refuerzos. Más de un cuarto de hora así (cosa que agradecí porque me distrajo un rato, era cómica la situación), hasta que apareció otro policía, este con un perro, al que intentaban hacer olfatear la peligrosa bolsa de flores, pero que pasaba del tema más que Paqurrín de trabajar. Ahí, viendo que no había nada de peligro, agarraron la bolsa, sacaron las cosas en plan peliculero y lo tiraron todo a un cubo de basura; por desgracia no pude ver lo que contenía dicho artefacto diseñado por el mismísimo Satanás.

Tras esta absurda y surrealista escena, me da por mirar las pantallas de mi puerta de embarque y veo algo preocupante: decía "destino La Paz-Santa Cruz de la Sierra", a lo que pregunto a una azafata que me confirma que el vuelo no iba directo a Santa Cruz, sino que paraba en La Paz también, aunque sin tener que bajarnos. Nada, otra escala más. Por suerte, estos vuelos fueron otro calco al anterior, con el conocido rito de dormir y comer, aunque en este caso me perdí el desayuno del segundo vuelo porque no me desperté al escuchar a las azafatas pasar, ya el domingo por la mañana.

Cordillera de los Andes desde el avión

Bien, ya estamos en el domingo por la mañana. La verdad es que soy bastante hartible, lo reconozco. Seguimos. Me bajo del avión y me dirjo al control de pasaportes donde había una, sí, solo una persona trabajando. La cola se hace interminable y a pocos metros veo con dos lagrimones como anuncian la partida un vuelo a Salta. Paso el control, cojo mi maleta y me salgo del aeropuerto. Se acabaron los aviones, ahora tocaban los autobuses, ¡mucho mejor! Llamo por teléfono a un contacto en Santa Cruz pero ninguno de los números me sirven, así que rápidamente cambio unos cuantos bolivianos y pesos argentinos y me dirijo hacia la ciudad bajo una lluvia torrencial. Objetivo: intentar llegar a la frontera antes del anochecer para poder cruzarla y montarme en otro bus del lado argentino, para poder llegar a Salta a mediodía del lunes. Resultado: error.

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

Me monto en un bus muy familiar y acogedor que me lleva hasta un cruce, donde me cambio a otro bus, que este sí, me lleva hasta la terminal de buses de Santa Cruz a donde llego cerca de las once. Allí me pongo a preguntar, y nadie me garantiza poder cruzar antes del anochecer, así que por consejo de expertos decido quedarme a echar el día en Santa Cruz, coger un bus nocturno que llegaba a las seis de la mañana a la frontera, y de ahí coger el primero a Salta. Así que no me quedó otra que dejar la maleta en la terminal (que por cierto, tenía las ruedas medio rotas) e irme hacia el centro en el primer bus que pasó. Yo, muy listo, le pregunto al chofer si iba al centro, me dice que sí y ahí me relajo. Obviamente no sabía dónde bajarme, así que al cabo de un rato le pregunto a una señora que muy amable me dice que me debería haber bajado hace un rato, que el centro está "por ahí", así que hacia "ahí" me fui yo andando, en plan vikingo.

Mercado artesanal en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

Llegué sin muchos problemas, unos 20 minutos después, ya sin lluvia, y me puse a dar vueltas viendo el bonito centro y buscando una oficina de información turísitica que nunca encontré. Me llamó la atención que la bandera de esta ciudad es exactamente igual que la de Andalucía, ¡qué bonito! A mediodía, y después de que una gitana me echara una maldición por la que tendría mala suerte por siempre en el amor (¡chunga!), encontré un supermercado donde compré pan, agua y una mortadela con pepinillos de dudosa calidad, y me fui a la plaza 24 de septiembre a comerme un suculento bocadillo acompañado con anacardos (castañas de cajú). Esta sería una gran decisión, ya que al cabo de un rato se me sentaron al lado dos señoras, doña Celia (como ella decía, coya de La Paz), y doña Margarita (brasilera afincada en Bolivia desde hace décadas), que estuvieron más de tres horas contándome su vida, rajando de sus nueras y contándome curiosas historietas y dichos locales. Muy simpáticas, sí señor.

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

A eso de las 18h30 me volví a la terminal, ya que tenía mi bus a las 20h00, y todo salió sin problema, no sin antes caer otro diluvio universal. Este tramo se me pasó maravillosamente, ya que llegamos a Yacuiba (ciudad fronteriza boliviana) a las seis de la mañana, y me pasé todo el camino durmiendo, literalmente. Allí llegamos a una estación bastante rústica, me fui en taxi hasta la frontera (había unos 7 km), y en la aduana pasé sin problemas a Pocitos, del lado argentino. Otro sellito, y p'alante. Ahí, mi cuerpo empezó a resentirse, pero aún así me fui andando hasta la terminal de bus que supuestamente estaba "a tres o cuatro cuadras", cuesta arriba, con las ruedas rotas, y a bastante más de la distancia prometida. A las 8h30 más o menos llegué, me senté en un banco y esperé hasta las 9h30 a que llegara mi bus, este sí, a Salta, a donde llegaría a eso de las 15h00. Para morirse. Por suerte, otra señora, doña Norma, se me sentó al lado y también me dio conversación hasta que llegó mi bus. Para cuando yo estaba montado, ella ya estaba charlando con otra señora que se le había sentado al lado. Un personaje esta señora.

Terminal de Yacuiba, Bolivia

Y este viaje final fue el peor de todos, sin duda. Yo ya estaba psicológicamente hundido después de tantas horas de viaje y tres noches sin dormir en una cama. Además, para probar mi fuerza mental, nos hicieron tres controles fronterizos. En dos de ellos nos hicieron bajar del bus, sacar las maletas y registrarlas una por una, buscando hasta en los bolsillos de la ropa. En la otra solo se subieron a mirar si había "algo extraño". Aparte, paró en todos y cada uno de los pueblos, casas, rocas y árboles que nos encontramos, y según pasaba el tiempo iban retrasando la hora de llegada, que al final la estipularon a eso de las 17h00. Yo tenía mi almohada pinchada, sin sueño, tenía un gordaco al lado, y para colmo nos pusieron una película sin sonido. Pero lo conseguí. A las 17h10 llegué a la terminal de Salta, donde estaba Mer esperando sonriente con una calor espectacular.

Salta, Argentina

Mercieron la pena las más de 96 horas desde que salí de Jerez, sí señor. Vaya odisea: viernes Sevilla (España); sábado Miami (EEUU); domingo Santa Cruz de la Sierra (Bolivia); y lunes Salta (Argentina). Y lo que he ido haciendo por aquí ya os lo contaré otro día, porque vaya novela me acaba de salir. Menos mal que iba a ser breve... Si alguno habéis llegado hasta aquí, os felicito, tenéis mucha paciencia. ¡Besos familia!

martes, 28 de febrero de 2012

¡Feliz Día de Andalucía!

¡Hola familia! ¿Cómo va todo? Os escribo para desearos a todos los andaluces y/o los que aman esa maravillosa tierra, un muy feliz día de nuestro pueblo. Yo lo celebraré en la Argentina, a miles de kilómetros de distancia después de que ayer llegase a Salta pasadas las cinco de la tarde (nueve hora española), y después de más de 96 horas (cuatro días) desde que salí de Jerez.

Pero sobre este absurdo e irracional viaje os hablaré en otro momento, porque merece un buen "párrafo corto". Lo dicho, hoy y siempre, sed felices. Y si podéis, daos una vuelta por algún punto de Andalucía, siempre seréis bienvenidos.

viernes, 24 de febrero de 2012

La vuelta al mundo en tres días

(Voz de locutor americano)

De los creadores de "24 horas de autobús me parecen pocas" y de los productores de "Creía que no había un destino más lejos, pero al final lo encontré", llega a sus pantallas la última super-producción del cine absurdo español: "¿Para qué coger un vuelo directo si tienes tres días libres?".

¡Buenas noches amigos! Hoy os escribo desde el campamento base de mi última gran locura-aventura que vuelve a sobrepasar los límites del absurdo en cuanto a planificación de viajes se refiere. Para el que le coja de nuevo todo esto, solo le diré que estoy ante un nuevo reto viajero: me voy a Salta de nuevo, con motivo de la boda (o casamiento, como se dice por allí) de Jor e Inu. Allí estaré escasamente dos semanas, pero lo que paso a relatar ahora es el camino que me llevará hasta allí, o al menos esos son mis planes.


En esta ocasión, y como me gustan las emociones fuertes, voy a intentar el más difícil todavía, con más etapas, más ciudades, más países y más escollos de por medio. Mi viaje ha empezado esta misma tarde de jueves a las 19:48, cuando he salido en tren desde Jerez a Sevilla, donde ahora me encuentro. Aquí duermo esta noche, en cuanto acabe de escribir esto, porque mañana por la tarde tengo academia de oposiciones, y no podía venir en el último minuto con el equipaje que llevo. Acabo las clases a las 21:30 y a las 23:15 cojo un maravilloso autobús de Socibus que me llevará hasta Madrid, a donde está estimado que llegue a eso de las 5:30 de la mañana del sábado, después de la que seguramente será una confortable noche en sus aterciopelados sillones.

Una vez en Madrid, tocará coger el metro hasta el aeropuerto de Barajas, lo que espero que no me lleve más de una hora, ya que a las 10:30 sale mi primer vuelo a... ¡Miami! Este vuelo no sé cuánto dura por el tema del cambio horario, pero el caso es que llego allí a las 14:30 (hora local), y hasta las 22:30 no sale mi segundo vuelo, así que me dará tiempo a darme una vuelta a ver si me encuentro por allí a personajes de la talla de Pitbull, Dexter o artistas así. Como decía, y si no tengo ningún problema por aquello de entrar en Estados Unidos, cogeré mi segundo avión a las 22:30, destino... ¡Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)! Sí amigos, puede que en estos momentos estéis pensando que he perdido totalmente la razón... y así es. De todas maneras, tengo que decir que el vuelo era mucho más barato llegando aquí, aparte que está bastante más cerca de Salta que Buenos Aires.


Si todo va bien, habré llegado a Santa Cruz de la Sierra el domingo por la mañana, a las 8:30 (hora local). Una vez allí, y después de cambiar a bolivianos y pesos argentinos, tendré que ir hasta la estación de autobús para buscar uno que me lleve hasta Yacuiba, en la frontera con Argentina (unas seis o siete horas de viaje). Allí, a siete kilómetros de esta, tomaré un remis (taxi) hasta la frontera misma, por donde tendré que pasar andando con mi maleta, mi cara de perdido y con un cartel en la frente de "turista timable". Una vez del lado argentino, tendré que coger otro autobús que me lleve desde Pocitos a Salta, que son otras cinco o seis horas, para finalmente, pisar la tierra prometida el lunes.

Y muchos os preguntaréis: ¿por qué este becerrito no se coge un bus directo desde Santa Cruz de la Sierra a Salta, que tiene que haberlos? Efectivamente, los hay, pero tardan prácticamente lo mismo y cuestan poco más de 100 euros, mientras que montando el circo que voy a liar yo, en total no me saldrá por más de 30 euros. El gran problema de todo esto es que no se pueden saber los horarios de los buses de Bolivia, así que, una de dos: si consigo montarme en uno el domingo por la mañana, con suerte llegaré a la frontera antes del anochecer y podré pasar la noche en el bus argentino para llegar a Salta el lunes por la mañana. Si no, tendré que esperar a la tarde del domingo para salir de Santa Cruz de la Sierra, para llegar a la frontera el lunes por mañana y por consiguiente, terminar en Salta el lunes por la tarde.


Sea como fuere, lo que es seguro es que el lunes cuando llegue me van a tener que llevar en carretilla hasta la cama más cercana, y que nadie me despierte hasta el miércoles o el jueves. Pero merecerá la pena, ¡eso seguro! Seguiremos informando.

PD. Para los que piensen que soy rico o algo así, ya os digo yo que no. De hecho mi cuenta bancaria está en tratamiento por depresión.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Hasta pronto...

Ahora sí que sí, se me está acabando el tiempo en este bello país con tan linda gente... Mañana a estas horas estaré volando sobre algún punto del Océano Atlántico, y con la cabeza volando más alto todavía...
Empieza otra etapa nueva y totalmente distinta, en mi querida Jerez de la Frontera, a la que me tendré que volver a "adaptar" tantos años después, y donde me reencontraré con mucha gente querida, pero también donde echaré de menos a otra mucha gente querida.
Solo me queda concluir como empecé: hasta pronto...

viernes, 4 de noviembre de 2011

Rústica despedida

Hoy me voy a centrar en un tema concreto, uno de mis pasatiempos aquí en Salta: el "rústico fútbol de los miércoles".
Como creo que ya conté en una de mis entradas anteriores, cada miércoles desde que llegué, nos hemos juntado un grupo de viejas glorias y jóvenes promesas del fútbol que nos quedamos en eso, en promesas. La excusa era juntarse para echar un ratito de fútbol y risas, y lo que es igual o más importante, para el tercer tiempo posterior al partido. Nuestro estilo de juego nunca quedará en los anales de la Historia (nada de chistes fáciles con el ano, por favor), porque siempre se caracterizó por tener mucho físico y poca técnica, ser de carácter "rústico", como dicen por aquí, pero todos nos quedamos con los buenos momentos.

Joaco, Nacho, Nico Best, Gallego, Jorge, Nico Fleming y Moni


Como decía, este miércoles fue el último en Salta, ya que mi aventura argentina está llegando a su fin, y para ello lo celebramos con un rico asadito tras el partido, para reponer fuerzas. El domingo me iré de Salta, rumbo a Rosario, luego a Buenos Aires, y finalmente a España...
Ya han comenzado las "despedidas del gallego". No va a ser nada fácil...

viernes, 28 de octubre de 2011

MAAM

Me acuerdo una tarde, hace más o menos un año, sentado en un café de París, en la zona del Marais, si no recuerdo mal...
Ahí, dentro del grupo en el que estábamos, se encontraban, entre otros, tres personajillos argentinos: Mercedes, Luciana y Luis. Nos hablaban de las maravillas de Sudamérica en general y de Argentina en particular, pero una de las cosas que más me llamaron la atención en ese momento fue una historia referente a "Los Niños del Llullaillaco".
Esta, se trataba de un hallazgo ocurrido en el volcán del Llullaillaco, a más de 6.700 msnm en plena cordillera andina, en la provincia de Salta y en la frontera entre Argentina y Chile. En este lugar habían encontrado enterrados, en marzo de 1999, ni más ni menos que las momias de tres niños de la época inca, junto con decenas de objetos, en lo que parecía había sido un sacrificio hecho como ofrenda en lo que pareció un ritual muy importante.
Cinco siglos después de cedido sus vidas a algún propósito divino fueron descubiertas por una expedición, y tanto los niños comos los objetos que los acompañaban, se encontraban en un perfecto estado de conservación debido a las condiciones meteorológicas: bajas temperaturas, baja presión, baja cantidad de oxígeno, ausencia de luz y de elementos patógenos... en definitiva, las condiciones idóneas.
Todo esto lo cuento porque hace dos días estuve precisamente en el MAAM (Museo de Arqueología de Alta Montaña) de Salta, lugar dedicado casi exclusivamente a este hallazgo, pero lo que os pueda contar por aquí no puede compararse a lo que se ve, incluída una de las momias: "la Niña del Rayo", de seis años de edad en el momento de su muerte. Las tres momias van rotando cada seis meses para que no se estropeen, con lo que ahora se encuentran descansando "El Niño", de siete años, y "la Doncella", de quince años.
Como os digo, todo lo que os cuente es poco, así que mejor os dejo un enlace que habla sobre el MAAM y los "Niños del Llullaillaco", por si os interesa.
En definitiva, un descubrimiento y un museo alucinantes. No tengo palabras para describir lo que se ve y se siente en un lugar así...

martes, 25 de octubre de 2011

Andaluces por el mundo

Este fin de semana que acaba de pasar, concretamente el sábado, iba caminando por el bonito y pequeño pueblo de Tilcara, en plena Quebrada de Humahuaca. Este lugar, del que todos hemos escuchado hablar de la boca del gran King África ("humahuaqueño para bailarrr, bailarr bailarrr), es una verdadera maravilla. Pero lo más sorprendente de todo es que, de pronto, me encontré esto... Y yo iba muy bien preparado con mi banderita andaluza.
Impresionante. Me quedé sin palabras. Solo puedo decir... ¡Viva mi Andalucía!

PD. Ya os hablaré de este viaje, que no tiene desperdicio ninguno...

martes, 18 de octubre de 2011

Deportes "de riesgo" en Salta

Hoy vengo a hablaros de un par de deportes peligrosos que he tenido el placer y el valor de practicar en mi estancia salteña...
El primero de ellos, hace más de un mes, consistió en una fantástica pesca nocturna en el dique Cabra Corral, un lago bastante grande. Es una cosa cuando menos llamativa, en la que, a eso de las siete de la tarde, sale un pequeño catamarán lleno de hombres armados con sus cañas y cebos, pero también con lo más importante: mucha carne de vaca para el asado, y mucho vino y demás licores para amenizar la noche.
Así pues, la cosa es comer y beber durante toda la noche, mientras se pesca o no (es lo menos importante), charlando con los compañeros de aventuras. Conviene decir que, toda la noche en el medio de un lago, te mueres literalmente de frío, pero fue una bonita aventura. Resultado: pesqué un pejerrey, una mini mojarrita que devolví al agua (y que se enganchó sola en el anzuelo mientras me comía el asado), un pescado que pincha y no sirve para nada, que también devolví, y otro de esos que pinchan bastante más grande, que se me escapó porque en ese momento no estaba muy hábil...
El segundo fue mucho más bello. Consistió en una mañana de cabalgata, es decir, de paseo a caballo por una zona cercana a Salta que se llama La Quesera. Es una finca bastante grande, y el recorrido fue de una hora y media más o menos, paseando por el monte, por campos, y visitando una cercana y modesta iglesia de adobe. Muy lindos paisajes. Lo mejor de todo llegó al final, cuando volvimos a galope hasta los establos, al más puro estilo Juan Reyes en "Pasión de Gavilanes", solo que en una versión algo descontrolada.


Y todo terminaba... ¿a que no sabéis con qué? ¡Por supuesto! ¡Con un asado! Me encanta esta cultura de comer hasta reventar. Me encanta estar aquí.
Gracias a los que hacéis posibles estos momentos maravillosos...

viernes, 7 de octubre de 2011

El mundo se acaba... y tengo pruebas

Solo tenemos que trasladarnos a la mañana de ayer.
Jueves, 5 de octubre de 2011, 8:12 de la mañana, hora local en Salta, Argentina. Un seísmo de seis grados en la escala de Richter sacudió la región noroeste de Argentina. El suelo temblaba, los muebles se movían, la gente asustada salía a la calle...
¿Qué hice yo? Mantuve la calma y la compostura y decidí no moverme de mi posición horizontal, en la que estaba bastante a gusto. Lo peor de todo es que en ese momento estaba durmiendo, y, mientras el suelo temblaba, yo soñaba con que iba montado en un carruaje antiguo, y por eso se movía todo. Ahí fue cuando me desperté y me di cuenta de que era un terremoto. Lamentable.
En fin, prefiero no decir nada más y dejaros un enlace que demuestra que no es mentira:
http://www.eltribuno.info/salta/82041-Un-intenso-sismo-sacudio-a-Salta-y-causo-horas-de-panico.note.aspx

Lo dicho, el mundo se acaba y no nos damos cuenta...

martes, 4 de octubre de 2011

Soy ilegal...

Así es amigos: soy ilegal. La historia se remonta al martes pasado, hace exactamente una semana.
Resulta que, por casualidades, amistades o cosas de la vida, el lunes al mediodía me llamaron de urgencia de un notable colegio de San Lorenzo, muy cerca de Salta, para que, al día siguiente, supliera al profesor de educación física, que se había hecho pupita en la rodilla. La sustitución era de un mes, jornada completa, muy buen colegio, y tendría alumnos entre 6 y 11 años, más o menos. Demasiado perfecto para ser real.
Allí llegué al día siguiente, antes de las ocho de la mañana, con mi maravilloso "método juampedrista" bajo el brazo, y di mis clases durante toda la mañana. Los alumnos estaban bastante sorprendidos con mi acento, y no paraban de hacer comentarios, pero en general salió todo a pedir de boca. La coordinadora estaba encantada conmigo y los chicos también. Una vez más, demasiado perfecto para ser real.
Hasta que, a mediodía, la secretaria cayó en un pequeño detalle que a nadie se nos había ocurrido: tengo visa de turista, no puedo trabajar "legalmente" en Argentina. Así que, tras llamar a miles de personas e intentar encontrar una solución que no existía, tuvieron que pagarme el día y decirme que, como es lógico, no podía seguir trabajando en el colegio porque se les podía caer el pelo con una inspección. Ya decía yo que era demasiado perfecto para ser real...
Sin embargo, hay una parte positiva, y es que desde aquel día estoy yendo por las tardes a dar "clases de fútbol" en este mismo colegio, como actividad extraescolar, y está en mis manos el futuro de muchos "mini-Messis" y "mini-Higuiaines". Así que algo de trabajo remunerado tengo, finalmente, y encima me lo paso en grande, porque me tocan los más pequeñitos. Unos personajillos.
Así que, así estoy, con una nueva experiencia en la espalda y algunas cosas más que hacer. Por cierto, que por esto mismo me he tenido que cambiar de grupo en mi curso de coctelería, lo que me ha permitido conocer a más y nuevos personajes del panorama salteño...

jueves, 29 de septiembre de 2011

Recorriendo la Puna V: tranquilidad y vuelta a casa.

Y aquí termina mi historia de la Puna, con el relato del lunes y martes, ya hace más de una semana... ¡cómo pasa el tiempo!
Vista de El Peñón desde nuestro alojamiento
Dejamos la historia en el pequeño kilombo del domingo. Bien. El lunes nos levantamos muy temprano, tipo 5:30 de la mañana, porque teníamos que despedir a los italianos y echar una mano, y así fue. Nadie se acordaba del problema de iluminación y todos se fueron con una gran sonrisa, y no es para menos después de haber vivido una experiencia así de impresionante. Solo hubo una sorpresa final, ya que el "capo" del grupo, el más personaje de todos, había perdido su pasaporte, y después de casi media hora buscándolo no lo encontró, así que decidió que probablemente estaba en algún lugar de su maleta. ¡Perfecto señor!
A partir de ahí llegó el momento de arreglar problemas, para lo que teníamos que ir al único teléfono de todo el pueblo. Tras una larga espera para contactar con las altas escalas, todo fue más fácil de lo que esperábamos, ya que una antigua empleada, muy capaz por lo visto, tomaría el puesto, y el gran Jorge parece que arregló el problema del generador eléctrico.
Una rica pata de llama y un anormal
El problema es que, entre unas cosas y otras, nos habían dado más de las dos del mediodía, y teniendo en cuenta que el viaje hasta Salta se hace entre once y doce horas, era un poco precipitado volverse, por lo que decidimos quedarnos una noche más y salir el martes.
Así que el resto del día lo dedicamos a tareas varias. Primero, fuimos a comprar una pata de llama para hacer unas milanesas para los clientes que llegaban ese día. Después, con Jorge, estuvimos trasvasando combustible de un bidón a otro y al generador, y posteriormente, con Mer, fuimos a ver al director del colegio, que parece que ya había vuelto del fin de semana, que estaba en un curso o algo así.
Ahí estuvimos hablando con él del tema del proyecto de la biblioteca y de mi posible ayuda en otro ámbitos, y se mostró encantado y con ganas de colaborar. Quedamos en seguir en contacto e ir concretando más las cosas. Perfecto.
Lamentable "basurero" en pleno corazón de la Puna
Cuando estaba empezando a atardecer, me fui con Jorge a tirar la basura, y esto merece un párrafo aparte. Parece ser que, en este pueblo y en otros de la Puna, no tienen ningún sistema de tratamiento o reciclado de basuras, y lo que hacen es llevarla a una especie de agujero en medio de la nada, y ahí tiran todo (orgánica, plásticos, vidrio, papel, metal, etc) y lo queman. Me chocó muchísimo al decirlo, pero mucho más cuando vi esa aberración a la Pachamama, que es la Madre Naturaleza aquí. Juzguen ustedes mismos.
De ahí al resto del día no hicimos mucho más, salvo recibir a los nuevos huéspedes, y cenar milanesa de llama. Nos esperaba un largo viaje...
Majestuosa vicuña despidiéndonos
Y así fue, un largo y bonito viaje. Nos levantamos sin prisa, a las diez, y cargamos la camioneta con unas cuantas cosas que nos teníamos que llevar de vuelta. Nos despedimos de la entrañable gente del la hostería y el pueblo, y empezamos a devorar kilómetros con Salta en el horizonte.
En el primer tramo pude disfrutar y admirar paisajes que no pude ver a la ida, ya que en ese momento era de noche. Como si nos estuvieran despidiendo, pudimos contemplar decenas de vicuñas muy cercanas a la ruta, que nos miraban con curiosidad y aparentemente sin temor.
Cardón en la pre-puna
Salimos de la Puna y volvimos a atravesar los mismos paisajes de la ida, en los que se mezclaban rojizas quebradas con extensos valles salpicados de cardones, esos típicos cactus enormes que yo solo había visto en los documentales. Paramos a comer en Hualfín unas empanadas con extra de comino, y seguimos el trayecto casi sin parar hasta Cafayate, donde nos compramos un rico queso al atardecer.
Para cuando atravesamos la majestuosa Quebrada de las Conchas ya era de noche, y acabamos llegando a Salta la linda pasadas las diez de la noche, con mucho cansancio en el cuerpo, pero con la sonrisa de haber disfrutado de una estancia excepcional. Espero poder volver algún día...

lunes, 26 de septiembre de 2011

Recorriendo la Puna IV: Antofagasta, Calalaste, salar de Antofalla, Ojos del Campo , Quebrada del Diablo y... ¡kilombo!

Después de un merecido descanso este fin de semana, prosigo con mi relato.
En este caso estamos en el domingo. Ese día era la segunda excursión con el grupo este de italianos personajes, y una vez más teníamos a los mismos guías en la misma formación. El plan era una gran vuelta en círculo, con varias paradas, pero había que volver pronto porque al día siguiente se tenían que ir a eso de las seis de la mañana, así que no se podía especular demasiado con el tiempo...
Comenzamos temprano, saliendo a las ocho, y fuimos rumbo al noroeste dirección Antofagasta de la Sierra, un pueblito algo más grande que El Peñón donde cargaríamos combustible y los italianos llamarían por teléfono, que parece que tenían una gran necesidad de comunicarse con el mundo exterior. Por el camino, paramos en una zona volcánica desde donde se vislumbraban unos ocho volcanes "pequeñitos", y un poco más adelante, en un bonita laguna, ya cerca de Antofagasta.
Rebaño de llamas en Antofagasta de la Sierra
Al llegar, nos recibió un numeroso grupo de llamas domesticadas que cortaban la carretera, y los italianos directamente se inmolaron: se bajaron de las camionetas y empezaron a perseguirlas haciendo fotos, ante la cara de asombro del pastor que las guiaba. Una vez en el pueblo hicimos todas las "diligencias" y seguimos el camino rumbo al pueblo y el salar de Antofalla.
Durante este tramo, fuimos subiendo a la vera de un riachuelo semicongelado y poblado por decenas de llamas en libertad, bebiendo agua fresquita y comiendo pasto verde. Los italianos, hiperexcitados y alterados, se bajaban una y otra vez para hacer fotos, y ya íbamos con algo de retraso. Coronamos a más de 4.500 metros el paso de Calalaste, dicho sea de paso, el lugar más alto en el que jamás he estado, y de ahí empezamos a bajar. Otro día hablaré de las sensaciones a esas altitudes...
Salar de Antofalla
Así que seguimos bajando por un paisaje volcánico y desértico, y de pronto, al coronar una loma, se abrió ante nosotros un lugar extraordinario: el salar de Antofalla. Delante de mis ojos, justo debajo, el salar más largo del mundo, de 163 km de longitud, que se perdía de mi vista tanto a la izquierda como la derecha. Al otro lado, una cadena montañosa altísima, de más de 6.000 metros de altitud, y a sus pies, la diminuta aldea de Antofalla, como un pequeño oasis. Miles de fotos, y p'abajo.
Atravesamos el salar, y llegamos a Antofalla para comer un picnic a base de unas ricas tartas de verdura y otras de jamón y queso. Charlamos un rato con los pueblerinos y nos fuimos, ahora por el borde del salar, comenzando la vuelta a casa por otro camino. A mitad de camino, nos adentramos un poco en el salar para conocer "los Ojos del Campo", que no había entendido lo que era. Al llegar, encontré varias lagunas pequeñas de diferentes colores, unas al lado de las otras: negras, azules, verdes, naranjas... Parece ser que antiguamente eran géiseres, y ahora ya no estaban en actividad, quedándose con estos colores a causa de los minerales que las forman. Espectacular.
Ojos del Campo, con lagunas negras y naranjas
Como se nos estaba haciendo bastante tarde y los italianos tenían que dormir, seguimos el trayecto, volvimos a atravesar el salar de vuelta, e hicimos el retorno a El Peñón por la impresionante Quebrada del Diablo, por su impactante color rojizo. Otra maravilla. También conviene señalar un cono por el que pasamos que era prácticamente perfecto, el cual fue otra parada obligada pese a la prisa que traíamos.
Cono sin nombre conocido
Al final, pusimos pie en la hostería después de las siete de la tarde, con el consiguiente enfado de los turistas. Pero los problemas no habían hecho más que empezar, ya que al entrar nos encontramos con que el "responsable" de la hostería (cuyo jefe máximo es el mismo que en mi fundación), estaba en un evidente estado de embriaguez (y eso que no va a mi curso de coctelería) y decía que quería dimitir de su puesto. Así que el pastelazo era enorme porque había que hacerle entrar en razón, o directamente buscar un sustituto. Además, en un momento dado, el generador de electricidad de la hostería se apagó, y no sabíamos arreglarlo, así que estábamos en oscuridad total. Finalmente, aún no sabemos cómo, entre todos conseguimos esconder y arreglar la situación, aunque parecía que el lunes no podríamos volver a Salta porque tendríamos que hacer algunas gestiones al respecto. Y vaya si hicimos gestiones...