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lunes, 26 de agosto de 2013

¡Vivan los novios!


Y llegó el gran día. ¡Gonzalo y Encarni se casaron! Todavía suena raro pensarlo, "mi hermano se ha casado", pero ya es una realidad. Y solo por sus caras de felicidad te das cuenta de que es la mejor decisión que podrían haber tomado, así que desde aquí quiero darles mi más sincera enhorabuena, y que disfruten de su luna de miel, hacia la que acaban de poner rumbo, y de su vida juntos, que ya comenzaron hace unos años.


La verdad es que todo salió muy bien, estuvimos muy bien rodeados de familiares y amigos que los quieren y nos quieren, aunque también se echó de menos a gente muy importante en nuestras vidas, como no pudo decir mejor mi madre. Fue precioso reencontrarse con tanta gente querida, así que nada, espero que la próxima boda-quedada sea pronto... ¡tomad nota primos! Ni que decir tiene que me lo pasé como un enano-chiquitín...



¡Felicidades pareja!


martes, 16 de julio de 2013

El día en que casi me quedo en Burundi


Bujumbura, Burundi. Domingo 23 de junio de 2013. Me encuentro pasando mis últimas horas en Burundi acompañado de mi gente, ya que a las 19:50 sale mi avión: Bujumbura-Nairobi-Bruselas-Madrid. Pasamos la mañana en la playa, al borde del lago Tanganika, y por la tarde vamos un rato a ver conciertos, ya que se celebra la fête de la musique. Y como soy un chico responsable, a eso de las cinco me voy a la casa de mis amigos a recoger la maleta para irme al aeropuerto. Una vez allí, me ducho, me empiezan a dar regalos, nos hacemos fotos, y de pronto ¡eran las seis de la tarde! Así que me entra un poco la prisa, cierro la maleta y salgo con Amidou, Silvia y Teresa a la búsqueda de un taxi. Las seis y media y por fin estamos en dirección al aeropuerto, a donde se tardan unos veinte minutos en llegar; no iba sobrado de tiempo, precisamente.


En ese momento llamo por teléfono al Rector, el cual debía estar en el aeropuerto porque tenía que llevar a un profesor visitante estadounidense y, golpe de suerte, me dice que el avión sale dos horas de retraso. Acto seguido me echa la bronca, con razón, porque de no estar retrasado podría haber perdido el avión. Así que me doy media vuelta y me aseguro del horario del vuelo, que saldría finalmente a eso de la una de la madrugada. ¿Qué hago? Pues nada, decido dar una sorpresa a mis amigos presentándome en el restaurante en el que habían quedado para cenar y ellos flipando, claro. Ceno tranquilamente, me re-despido de ellos y me dirijo al aeropuerto a eso de las 22:30, esta vez con Saloum haciéndome el enorme favor de llevarme en su coche. Lo que no sabía en ese momento es que se avecinaba rock & roll...

Llego al aeropuerto con tiempo de sobra y me recibe, como es habitual, un policía con una kalashnikov, pidiéndome billete y pasaporte, ya que solo los viajeros pueden entrar en la terminal. Se lo entrego y me dice, ante mi sorpresa, que no puedo salir del país, ya que tengo un visado simple hasta 2014, pero le digo que me voy definitivamente y que no lo necesitaré más. Ahí me despido de Amidou, Silvia, Teresa y Saloum y entro a facturas mis dos enormes y pesadas maletas. Normalmente solo podía llevar dos maletas de 23 kg. y un equipaje de mano, y al pesarlos, sorpresa: una maleta de 33 kg. y otras de 17 kg. Me pasaba en 4 kg. Una auxiliar me pone la pegatina en la mochila que llevaría de mano, y el "jefe" me dice que no puedo pasar con eso, que es muy pesado. Yo, obviamente, empiezo a ponerle la cabeza loca contándole mi vida, que llevo muchos regalos porque vuelvo a mi país después de un año... y nada, le da igual. Le pregunto cuánto cuesta cada kilo y me dice que no, que hay que pagar 100€ por sobrepeso, ya sea de uno o veinte kilos. Y aquí es donde entra la picaresca, ya que no tenía ninguna intención de pagar ese dinero y tampoco tenía sitio en la mochila...


Le digo al tipo que tengo un portátil en mi maleta grande, y que sacándolo puedo aligerar el peso. Y, milagrosamente, lo saco y la maleta pasa a pesar 29 kg., lo que hacía un total exacto de 46 kg. Me dice que todo va bien, me da mi billete, me pone la etiqueta en el bolso del portátil, y en ese momento, cuando me estoy yendo, se da cuenta de que tengo ya un equipaje de mano. Me grita para que vuelva y lo miro con cara de "lo siento, demasiado tarde, te la he metido doblada". Y llego al escáner y control de pasaportes. Más rock & roll.

Entrego mi billete, mi tarjeta de salida de Burundi y mi pasaporte, y el policía, este más enterado que el de la puerta, me dice que no puedo salir del país porque es un visado simple que solo me permite la entrada del país y no la salida. Yo, al principio creo que es una jugarreta para asustarme o sacarme dinero, pero luego me doy cuenta de que va en serio: parece ser que debería haber ido a la oficina de la policía de fronteras en Bujumbura para "dar de baja" mi visado simple de dos años y así poder salir del país. Sin perder la calma, le cuento mi vida durante unos diez minutos, justificándome en que la Universidad se había encargado de tramitarme el visado y que me habían dicho que podía abandonar el país sin problema, siempre que fuera definitivamente. Él insiste en que no puedo salir del país sin hacer ese trámite y, por consiguiente, no puedo coger el avión. Tras una larga conversación me dice algo así como que, como he sido una persona que ha trabajado y ha hecho un buen servicio a Burundi y él también, podría dejarme pasar si a cambio le doy una "ayudita" luego en la cafetería... Yo, flipando aún, le digo que me parece bien, pero que solo tengo poco más de 1.000 FBU (unos 0,60€). Me dice que le puedo pagar en dólares o euros, pero le digo que no tengo, que los he facturado todos, a lo que acepta "echándome una reprimenda" porque siempre hay que llevar el dinero consigo. En realidad, tenía un billete de 100€, pero lógicamente no se lo iba a dar a él... En fin, corrupción de lo más barata.


Bastante aliviado y confiado, sigo mi camino, pero en ese momento me doy cuenta de que simplemente me habían dejado pasar, pero que no me habían sellado el pasaporte. Efectivamente, ahora sí estaba en el verdadero control de pasaportes, con dos policías bastante más serios con su ordenador, su ansiado sello y toda la pesca. Misma conversación, más rock & roll todavía. Pero este sí que se veía decidido a no dejarme pasar, simplemente porque era ilegal y porque él no parecía tan fácilmente corrompible. Así que me dice que no, y que me aparte para dejar pasar al resto de pasajeros. Esto ya no era tan divertido, aunque yo sigo tranquilo porque tengo un as en la manga: el billete de 100€. La gente y el tiempo seguían pasando, y ya quedaba menos de una hora para que saliera mi vuelo, y yo esperando...

...Hasta que llegó mi golpe de suerte. Dos parejas de franceses, de unos sesenta y tantos años, llegaron al control de pasaportes. Pasó el primer señor, pero cuando pidieron el pasaporte a su mujer los pararon a todos. ¿El problema? Habían entrado en Burundi por Ruanda hacía una semana, pero tenían un visado de solo tres días, así que tenían que pagar 40 dólares cada uno. El otro señor comenzó a gritar y a quejarse, y la mujer dijo que por qué habían dejado pasar a su marido y a ella no. ¿Resultado? Llamaron a su marido para que él también pagara, y este llegó enfurecido insultado a su mujer, a los policías y a toda la burocracia africana. La escena lamentable de gritos, ladridos y toda clase de sonidos guturales se prolongó durante más de cinco minutos, hasta que el policía se me acercó y me dijo las palabras mágicas: Mira, como tú tienes bastante más educación que estos señores te voy a dejar pasar, pero ellos van a pagar 40$ cada uno. Y me sonrió.


Así que ahí, con mi sellito, pasé a la zona de embarque más ancho que un torero. Y una vez allí le di su "merecida recompensa" al otro policía mediante el método tradicional burundés: billetes bien dobladitos, apretón de manos y a correr. Y ya el viaje fue coser y cantar, excepto por un niño que se pasó llorando el viaje hasta Bruselas. Todo por solo 1.300 FBU.

martes, 8 de enero de 2013

Tanzania

¡He vuelto! Después de quince días de merecidas vacaciones en Tanzania, vuelvo al mundo real de mi trabajo en Ngozi. Pero creo que merece la pena que me detenga un poco a contar algunas de las cosas que he hecho, porque me he vuelto a superar en lo que a viajes atroces y absurdos se refiere. He aquí mi itinerario, que ocupó entre el 21 de diciembre y el 5 de enero:


1. Ngozi - Muyinga (Burundi). Taxi. 76 km en 1h 30min. 21/12/12.
2. Muyinga - Kahama (Tanzania). Autobús. 359 km en 6h. 21/12/12.
3. Kahama - Mwanza. Autobús. 239 km en 4h30min. 22/12/12.
4. Mwanza - Arusha. Autobús. 742 km en 14h. 24/12/12.
5. Arusha - Lago Manyara. Jeep. 77 km en 2h. 25/12/12.
6. Lago Manyara - P.N.Ngorongoro - Lago Manyara. Jeep. 244 km en 3h. 26/12/12.
7. Lago Manyara - P.N.Tarangire - Arusha. Jeep. 277 km en 4h. 27/12/12.
8. Arusha - Tanga. Autobús. 442 km en 7h. 28/12/12.
9. Tanga - Dar es Salaam. Autobús. 355 km en 5h. 30/12/12.
10. Dar es Salaam - Bagamoyo. Daladala (minibús). 70 km en 1h 30min. 31/12/12.
11. Bagamoyo - Dar es Salaam - Stone Town (Zanzíbar). Daladala - Ferry. 140 km en 4h 30min. 01/01/13.
12. Stone Town - Bububu - Stone Town. Daladala. 24 km en 1h. 02/01/13.
13. Stone Town - Dar es Salaam. Aeroplano. 70 km en 30 min. 03/01/13.
14. Dar es Salaam - Muyinga. Autobús. 1.345 km en 33h 15min. 04-05/01/13.
15. Muyinga - Ngozi. Taxi.76 km: 1h 30min. 05/01/13.

      Total: 4.536 km en 89 horas y 15 min (aprox.).


En las próximas entradas os iré narrando los mejores momentos del viaje, que a ver cómo me organizo porque han sido muchísimos: los dos safaris, las playas del Océano Índico, el Lago Victoria, la mágica isla de Zanzíbar, los grandes mercados tanzanos, mis pinitos con el swahili... ¡Hasta pronto!

viernes, 10 de agosto de 2012

Quedada Erasmus improvisada


Efectivamente, este ha sido el motivo de mi desaparición del mundo bloggero durante tanto tiempo. La gran cantidad de trabajo últimamente y, principalmente, la visita que he recibido estos días han sido los "culpables" de mi larga ausencia. Mis tíos desde Jaén, Ángel desde Linares (México), Almu y Marina desde Madrid, y Carlos desde Dos Hermanas, me han tenido bastante distraído durante casi una semana que ha dado para mucho.

Grupo Erasmus montpellieriano en el fotocol de Comedia

Una divertida noche de fiesta en el mítico Comedia jerezano; días de playa en El Puerto, Chiclana o El Palmar; visitas turísticas diurnas y nocturnas por Jerez y Cádiz, con bañito incluído; rutas gastronómicas por los bares del lugar; interminables charlas de todo tipo; y buenísima compañía a la que sumar la de personajes variopintos como Jonás, Mario, Fran, Gabi, Chivu y Belén.

Grupo al completo en el mismo fotocol

En definitiva, unos días que me han servido para desconectar (que no descansar), cargar las pilas y afrontar el poco o mucho tiempo que me queda por aquí con más optimismo. Pienso aprovecharlo al máximo, lo tengo muy claro.

Puesta de sol playera

Acabando, que muchísimas gracias a todos, en especial a Ángel (con perdón de los demás), por el gran esfuerzo que hizo para poder estar unos días juntos. Espero que no pasen otros cuatro años para que volvamos a vernos. Hasta pronto.

Ángel, ¡eres la mamada!

domingo, 17 de junio de 2012

Odisea en el Paraná

Hoy os traigo una bonita historia que viví de primera mano hace ya más de siete meses (parece que fue ayer), y que escribí en mi cuadernito de viaje en alguna de mis idas y venidas a Sevilla, en aquellos tiempos antes de que Wert hiciera de las suyas e impugnara las oposiciones. Aquí os la dejo, tal y como la escribí aquel día de invierno.

Monumento a la bandera, en Rosario

Martes 8 de noviembre de 2011. Rosario, provincia de Santa Fe (Argentina). Me encontraba visitando a mi querida Luciana y a su encantadora familia, hasta que tuvimos la genial idea de hacernos una ruta en canoa por el imponente Río Paraná. Para poneros en situación, el Río Paraná, que atraviesa Rosario, es uno de los más grandes de Sudamérica, tanto que parece ser que tiene alrededor de 60 kilómetros... ¡de anchura! De hecho, cuando te das un paseo por Rosario y lo miras, lo que ves a lo lejos en el horizonte no es la otra orilla, sino pequeñas islas que asoman en el medio del río.

Pues bien, ese día Flor, la hermana de Lu, nos propuso salir con la canoa de un amigo para atravesar el Paraná hasta la primera isla, la Isla Verde, la que se ve en el horizonte, para allí poder disfrutar de un agradable picnic. "Un plan maravilloso", pensé, "esto sí es turismo alternativo". Y vaya si lo fue...

Lu y yo, en mi versión obesa, con la Isla Verde de fondo

El único problema era que la canoa era para dos personas, así que el plan era que Flor y yo la sacaríamos del puerto y remaríamos río arriba para buscar a Lu, que nos estaría buscando en una playita escondida. A partir de ahí nos iríamos turnando para poder disfrutar del paseo por igual. Los problemas siguieron cuando cómo bajaba el río. Lo hacía con una fuerza impresionante, ya que ese día pronosticaban tormenta para la tarde.

Llenos de motivación, sacamos la canoa y nos pusimos a remar río arriba, hasta encontrarnos con la grata sorpresa de ver a Lu encima de un pantalán, con las escaleras que bajaban directamente al río, con el consiguiente peligro de parar allí en medio y ser arrastrados hasta Buenos Aires o más allá. Aún no sé cómo lo hicimos, pero la recogimos, y de ahí comenzamos a atravesar el río, siempre en diagonal y contracorriente para poder llegar a una de las playitas que había en la Isla Verde, a unos cuantos kilómetros.

Al llegar, comimos unos suculentos bocadillos mirando con envidia a varios grupos de jóvenes que preparaban asado, y nos dimos un bañito para relajarnos. La verdad, un pequeño paraíso muy cerca de la gran ciudad.

Desde la Isla Verde

No sé si fue por la energía de los bocadillos o por qué, pero nos vinimos arriba y decidimos plantearnos un reto: rodear la isla río arriba para seguir atravesando el Paraná y llegar a la siguiente isla, un poco más alejada. Parecía factible, así que nos lanzamos. Ahora Flor descansaba, Lu remaba (poco) y yo también, dirigiendo desde atrás. Comenzamos a intentar remontar el río, pero al ver que no avanzábamos, Flor se cambió por Lu. Aquí mejoró la cosa hasta que llegamos a un lugar fatídico, una especie de punta que creaba una corriente que te arrastraba al medio del río, y de ahí hacia atrás. Hasta tres veces nos pasó esto, hasta que, a la cuarta, lo conseguimos pasar. Mientras, había dado tiempo a que una pareja de metrosexuales hipertrofiados nos adelantaran casi sin aumentar su frecencia cardíaca, aunque lo más grave fue una señora de unos sesenta y tantos años que también nos adelantó como si nada. Muy triste.

Tras esto, seguimos rodeando la isla río arriba hasta llegar con mucho esfuerzo al punto "más alto". Llenos de euforia empezamos a celebrarlo sin darnos cuenta de que la corriente nos arrastraba con demasiada fuerza río abajo. Resultado: acabamos atrapados entre las ramas de un árbol caído que nos frenó, y del que nos costó mucho salir. Incluso una lancha se nos acercó a ver si necesitábamos ayuda con cara de "estos pelotudos no sobreviven hoy...". Tras deshacernos del árbol, nos dejamos llevar hasta la isla esperada, donde reposaban los metrosexuales, la señora, y alguna gente más. Nos comimos una manzana cada uno, y nos dimos un merecido descanso.

Los tres suicidas, en la segunda isla, con la Isla Verde detrás

Estábamos bastante cansados ya, pero decidimos salir cuanto antes, ya que empezaba a nublarse y el río a revolverse más, y no queríamos que cayera la noche. "Solo" había que remontar el río hasta la punta de la primera isla, y de ahí atravesarlo aprovechando la corriente pero sin dejarnos llevar demasiado, paralelos al puente, para dejar a Lu en el mismo sitio y luego volver al puerto como si nada. Empezamos bien, con Flor y yo remontando, y una vez que comenzamos a atravesarlo, se puso Lu. Como dije, solo había que dejarnos llevar sin pasarnos, pero aún no me explico cómo hacía Lu para, o bien remar contra la corriente, o bien hacer preguntas rocambolescas para no remar, con lo que crecía mi agobio, ya que estábamos en medio del río, con una corriente bestial y sin chalecos salvavidas. Creo que nunca fuimos realmente conscientes del peligro que habría sido volcar...

Estampa en el Paraná

A todo esto, nos pasaron dos barcos enormes a poca distancia, los cuales hicieron unas olas bastante "divertidas", además de que había un barco de la prefectura (policía marítima), que si nos hubiera visto se nos cae el pelo y el bolsillo. Total, que al final Flor volvió a remar y entre los dos conseguimos dejar a Lu en una playa chunga y volver a puerto. Justo antes, los hipertrofiados hormonados nos volvieron a pasar como si nada, mientras se echaban agua con los remos. Al final, por cierto, casi me desmayo guardando la canoa, y volví a casa con la espalda, hombros y brazos a punto de reventar, y echando espuma por la boca.

Más tarde, efectivamente, cayó un tormentón impresionante, con granizos incluídos, que disfrutamos en casa comiendo pizza y bebiendo cerveza en buena compañía... Chufo y Batata eran, ¿no?

Para concluir con Rosario, también tuve tiempo de dar un bonito y caluroso paseo turísitico (efecto gamba incluído), comer un rico asado en familia y fotografiarme en un stand de Andalucía en una especie de feria de culturas del mundo.

Andalucía te quiere... ¡también en Rosario!

Me quedé con ganas de más, así que tendré que volver. Muchas gracias a todos, en especial a Lu, que aunque te de mucha caña, ya sabes que es desde el cariño... ¡Hasta pronto, Paraná!

Bonitas caras tras el palizón... ¡Mil gracias por todo!

jueves, 1 de marzo de 2012

Jerez-Salta: La historia más larga jamás contada

Señoras y señores, ha llegado el momento de narraros la verdadera historia de cómo llegué a Salta desde Jerez. Intentaré no extenderme demasiado, pero ya sabéis que la brevedad no es una de mis virtudes cuando escribo.

Bien. Todo comenzó el pasado jueves, hace ya una semana, cuando, después de pasar la mañana preparando la maleta, puse rumbo a Sevilla en mi archiconocido tren de Media Distancia, en este caso en el de las 19h48 de la tarde. La explicación a esto es que el viernes por la tarde tenía academia, pero no iba a ir con la maleta, así que me fui la noche de antes para que mi hermano pudiera recogerme en la estación, pasadas las 21h00. El viernes por la mañana me fui al centro de Sevilla a dar una vuelta y hacer algunas cosas, y ya me quedé en la zona de San Bernardo donde me comí un bocadillo brutal de cochinillo, carne mechada, queso fundido y salsa gaucha, por el módico precio de 1,90 euros. Muy dietético, lo sé.

Sevilla, España

Por la tarde fui a la academia, y nada más salir me estaban esperando mi hermano y su novia con mi maleta, para cenar rápido y llevarme a la estación de bus, pues a las 23h15 me esperaba la maravillosa noche en el Socibus de aterciopelados asientos, como dije la otra vez. Por suerte o por desgracia llegó antes de lo previsto, a las 5h20 de la mañana del sábado, lo que me fastidió porque estuve pasando frío en el metro hasta las 6h00 que salía el primero. De todas formas me dio tiempo a hacerme amigo de un portugués pureta que estaba bastante perdido.

Total, llego a Barajas a eso de las 7am y me voy directo a facturar, aunque mi avión era a las 10h30. Me voy hacia American Airlines, me atiende una argentina simpática, me da una declaración de esas de las aduanas para que la rellene y me pongo en la cola. Todo sorprendente y maravillosamente bien, ningún problema. Bueno, sí, uno pequeño. Como en los viajes en los que pasas por EEUU y Bolivia hay que ser previsor, decidí que había que envolver la maleta en plástico, pero como la crisis nos azota a todos, decidí hacerlo por mis propios medios: compré film transparente y cinta aislante, y ahí que lo envolví, que parecía que a mi maleta se la iba a comer Ella-Laraña. Cuando Alisson, la chica del mostrador, vio eso, se le quedó una cara mezcla de incredulidad y simpatía, y me dijo que con eso no podía pasar porque solo se puede envolver en los puntos oficiales del aeropuerto. Nada, que te sacan el dinero sí o sí, así que pasé de gastar dinero, quité el plástico y así la mandé.


Para hacer tiempo me puse a rellenar lo de la aduana estadounidense, y me preguntaban si llevaba comida. Yo llevaba algo de jamoncito y lomo, pero como no quería que algún americano se diera un festín a mi costa, fui a preguntarle a mi coleguita argentina y me dijo que pusiera a todo que no, porque si no "goodbye jamon!". Poco más, pasé el control sin problemas y me fui a dormitar a un banco delante de la puerta de embarque mientras cargaba la batería del móvil en el mostrador de una compañía aérea israelí. Totalmente taleguero.
Llegó el momento de embarcar y... ¡oh, sorpresa! "Control aleatorio de seguridad". Efectivamente, me llamaron por megafonía para hacerme un control de seguridad "personalizado" por unos policías americanos, como no, y me imagino que como estaban aburridos, tenían ganas de joder, y no me encontraron nada, me dijeron que no podía viajar con la cinta aislante en el equipaje de mano porque era un elemento peligroso... Y yo, "What??", con cara de poker. Todo para nada, porque al final lo dejé igual y me monté con eso. Eso se llama paranoia y aburrimiento extremos.

Bien, vamos a ir acelerando que se me va de las manos. Me monto en el avión, todo perfecto, fila central, y viaje en plan animal primitivo movido por meros instintos: dormir, despertarse para comer o beber lo que me pongan por delante, seguir durmiendo, y vuelta a empezar. Así durante las diez horas que duró el vuelo, acompañado magníficamente por mi almohadita inflable salvadora de los chinos. Llego a Miami a las 14h00 hora local (20h00 en España), casi una hora para pasar el control de pasaportes donde me ponen el sellito después de tomarme todas las huellas dactilares y hacerme una foto (esto lo hacen a todo el mundo), y me dirijo hacia fuera.

Miami Beach, Estados Unidos

Todo bien, recojo mi maleta y la llevo a otro control, porque en EEUU aunque solo hagas escala tienes que volver a pasar la maleta por otro control. Termino todo esto, miro la hora: las 15h15. Me acerco a una señora que trabajaba allí pero no sé muy bien de qué, le pregunto alguna absurdez, y no sé cómo me acaba diciendo que si quiero me puedo ir a Miami a darme una vuelta. ¿Cómo? ¿A Miami? Por supuesto me emocioné al momento, me fui a información y me dijeron que, efectivamente, si quería me podía ir del aeropuerto, pero que ni se me ocurriera perder el avión porque se liaba el taco gordo, sobre todo porque yo estaba ahí con visa de tránsito, ni siquiera de turista. Sin dudarlo cogí mi mochila y me fui a la parada del bus sin tiempo que perder, ya que salía uno a las 15h30 hacia Miami Beach, ¡qué chulería! Pagué los cinco dólares del billete de ida y vuelta, y para allá que me fui.

Miami Beach, Estados Unidos

Me bajé en la punta de South Beach, al final del todo, y de ahí me fui directo a la playa, a tirarme en la arena como un perro y a mojarme los pies en el mar. ¡Genial! Ahí me quedé un rato, observando a la gente, y solo se escuchaba hablar español. Empecé a caminar por la orilla, dirección norte, viendo como a un mini niño negrito lo perseguían una bandada de gaviotas ante las risas de sus padres, y al cabo de un rato me salí de la playa para seguir por el paseo marítimo. Eso era un espectáculo: coches de lujo y estrambóticos, hoteles espectaculares, fiestones a las cuatro de la tarde, una señora comiendo con un loro en el hombro, y lo que más me sorprendió, casi todos los tíos y tías estaban realmente buenos, excepto algunos típicos casos de obesidad mórbida. Además, también tuve la suerte de confirmar que los policias hiper gordos devoradores de donuts... ¡existen! Seguí mi paseo por Espanola Way, Washington Avenue y Lincoln Road, haciendo fotos a todo, anonadado. Y eso de las 19h30 me monté en el bus de vuelta al aeropuerto, que no era plan de especular con la hora, ya que mi vuelo era a las 22h30. Algunos os sorprenderéis con mi previsión, ¡estoy madurando!

Miami Beach, Estados Unidos

Llego con tiempo de sobra y me dirijo al control de rayos, donde te hacen sacarte literalmente todo de los bolsillos, papeles incluidos, los zapatos por supuesto, y te hacen pasar por uno de esos escáneres modernos que parecen la máquina de Steve Urkel y que te desnudan. De locos. Para colmo de mi caraja, me voy olvidándome de un pequeño detalle: mi cinturón-riñonera donde llevaba el pasaporte, la cartilla de vacunación y todo mi dinero. ¡Muy bien chaval! Así que volví, se lo dije a una policía y tras "interrogarme" para que le demostrara que era mío, me lo devuelve.
En la puerta de embarque, otra anécdota digna de señalar: una señora deja una bolsa de plástico con flores horrorosas junto a un panel con los horarios de vuelos. Pensé que volvería, pero parece ser que su caraja era equiparable a la mía y se la olvidó. Al cabo de un rato aparece una policía bastante absurda y empieza a acercarse con aire desconfiado a la bolsa, sin tocarla, y diciendo por el walkie que había un "objeto sospechoso" y pidiendo refuerzos. Más de un cuarto de hora así (cosa que agradecí porque me distrajo un rato, era cómica la situación), hasta que apareció otro policía, este con un perro, al que intentaban hacer olfatear la peligrosa bolsa de flores, pero que pasaba del tema más que Paqurrín de trabajar. Ahí, viendo que no había nada de peligro, agarraron la bolsa, sacaron las cosas en plan peliculero y lo tiraron todo a un cubo de basura; por desgracia no pude ver lo que contenía dicho artefacto diseñado por el mismísimo Satanás.

Tras esta absurda y surrealista escena, me da por mirar las pantallas de mi puerta de embarque y veo algo preocupante: decía "destino La Paz-Santa Cruz de la Sierra", a lo que pregunto a una azafata que me confirma que el vuelo no iba directo a Santa Cruz, sino que paraba en La Paz también, aunque sin tener que bajarnos. Nada, otra escala más. Por suerte, estos vuelos fueron otro calco al anterior, con el conocido rito de dormir y comer, aunque en este caso me perdí el desayuno del segundo vuelo porque no me desperté al escuchar a las azafatas pasar, ya el domingo por la mañana.

Cordillera de los Andes desde el avión

Bien, ya estamos en el domingo por la mañana. La verdad es que soy bastante hartible, lo reconozco. Seguimos. Me bajo del avión y me dirjo al control de pasaportes donde había una, sí, solo una persona trabajando. La cola se hace interminable y a pocos metros veo con dos lagrimones como anuncian la partida un vuelo a Salta. Paso el control, cojo mi maleta y me salgo del aeropuerto. Se acabaron los aviones, ahora tocaban los autobuses, ¡mucho mejor! Llamo por teléfono a un contacto en Santa Cruz pero ninguno de los números me sirven, así que rápidamente cambio unos cuantos bolivianos y pesos argentinos y me dirijo hacia la ciudad bajo una lluvia torrencial. Objetivo: intentar llegar a la frontera antes del anochecer para poder cruzarla y montarme en otro bus del lado argentino, para poder llegar a Salta a mediodía del lunes. Resultado: error.

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

Me monto en un bus muy familiar y acogedor que me lleva hasta un cruce, donde me cambio a otro bus, que este sí, me lleva hasta la terminal de buses de Santa Cruz a donde llego cerca de las once. Allí me pongo a preguntar, y nadie me garantiza poder cruzar antes del anochecer, así que por consejo de expertos decido quedarme a echar el día en Santa Cruz, coger un bus nocturno que llegaba a las seis de la mañana a la frontera, y de ahí coger el primero a Salta. Así que no me quedó otra que dejar la maleta en la terminal (que por cierto, tenía las ruedas medio rotas) e irme hacia el centro en el primer bus que pasó. Yo, muy listo, le pregunto al chofer si iba al centro, me dice que sí y ahí me relajo. Obviamente no sabía dónde bajarme, así que al cabo de un rato le pregunto a una señora que muy amable me dice que me debería haber bajado hace un rato, que el centro está "por ahí", así que hacia "ahí" me fui yo andando, en plan vikingo.

Mercado artesanal en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

Llegué sin muchos problemas, unos 20 minutos después, ya sin lluvia, y me puse a dar vueltas viendo el bonito centro y buscando una oficina de información turísitica que nunca encontré. Me llamó la atención que la bandera de esta ciudad es exactamente igual que la de Andalucía, ¡qué bonito! A mediodía, y después de que una gitana me echara una maldición por la que tendría mala suerte por siempre en el amor (¡chunga!), encontré un supermercado donde compré pan, agua y una mortadela con pepinillos de dudosa calidad, y me fui a la plaza 24 de septiembre a comerme un suculento bocadillo acompañado con anacardos (castañas de cajú). Esta sería una gran decisión, ya que al cabo de un rato se me sentaron al lado dos señoras, doña Celia (como ella decía, coya de La Paz), y doña Margarita (brasilera afincada en Bolivia desde hace décadas), que estuvieron más de tres horas contándome su vida, rajando de sus nueras y contándome curiosas historietas y dichos locales. Muy simpáticas, sí señor.

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

A eso de las 18h30 me volví a la terminal, ya que tenía mi bus a las 20h00, y todo salió sin problema, no sin antes caer otro diluvio universal. Este tramo se me pasó maravillosamente, ya que llegamos a Yacuiba (ciudad fronteriza boliviana) a las seis de la mañana, y me pasé todo el camino durmiendo, literalmente. Allí llegamos a una estación bastante rústica, me fui en taxi hasta la frontera (había unos 7 km), y en la aduana pasé sin problemas a Pocitos, del lado argentino. Otro sellito, y p'alante. Ahí, mi cuerpo empezó a resentirse, pero aún así me fui andando hasta la terminal de bus que supuestamente estaba "a tres o cuatro cuadras", cuesta arriba, con las ruedas rotas, y a bastante más de la distancia prometida. A las 8h30 más o menos llegué, me senté en un banco y esperé hasta las 9h30 a que llegara mi bus, este sí, a Salta, a donde llegaría a eso de las 15h00. Para morirse. Por suerte, otra señora, doña Norma, se me sentó al lado y también me dio conversación hasta que llegó mi bus. Para cuando yo estaba montado, ella ya estaba charlando con otra señora que se le había sentado al lado. Un personaje esta señora.

Terminal de Yacuiba, Bolivia

Y este viaje final fue el peor de todos, sin duda. Yo ya estaba psicológicamente hundido después de tantas horas de viaje y tres noches sin dormir en una cama. Además, para probar mi fuerza mental, nos hicieron tres controles fronterizos. En dos de ellos nos hicieron bajar del bus, sacar las maletas y registrarlas una por una, buscando hasta en los bolsillos de la ropa. En la otra solo se subieron a mirar si había "algo extraño". Aparte, paró en todos y cada uno de los pueblos, casas, rocas y árboles que nos encontramos, y según pasaba el tiempo iban retrasando la hora de llegada, que al final la estipularon a eso de las 17h00. Yo tenía mi almohada pinchada, sin sueño, tenía un gordaco al lado, y para colmo nos pusieron una película sin sonido. Pero lo conseguí. A las 17h10 llegué a la terminal de Salta, donde estaba Mer esperando sonriente con una calor espectacular.

Salta, Argentina

Mercieron la pena las más de 96 horas desde que salí de Jerez, sí señor. Vaya odisea: viernes Sevilla (España); sábado Miami (EEUU); domingo Santa Cruz de la Sierra (Bolivia); y lunes Salta (Argentina). Y lo que he ido haciendo por aquí ya os lo contaré otro día, porque vaya novela me acaba de salir. Menos mal que iba a ser breve... Si alguno habéis llegado hasta aquí, os felicito, tenéis mucha paciencia. ¡Besos familia!

viernes, 24 de febrero de 2012

La vuelta al mundo en tres días

(Voz de locutor americano)

De los creadores de "24 horas de autobús me parecen pocas" y de los productores de "Creía que no había un destino más lejos, pero al final lo encontré", llega a sus pantallas la última super-producción del cine absurdo español: "¿Para qué coger un vuelo directo si tienes tres días libres?".

¡Buenas noches amigos! Hoy os escribo desde el campamento base de mi última gran locura-aventura que vuelve a sobrepasar los límites del absurdo en cuanto a planificación de viajes se refiere. Para el que le coja de nuevo todo esto, solo le diré que estoy ante un nuevo reto viajero: me voy a Salta de nuevo, con motivo de la boda (o casamiento, como se dice por allí) de Jor e Inu. Allí estaré escasamente dos semanas, pero lo que paso a relatar ahora es el camino que me llevará hasta allí, o al menos esos son mis planes.


En esta ocasión, y como me gustan las emociones fuertes, voy a intentar el más difícil todavía, con más etapas, más ciudades, más países y más escollos de por medio. Mi viaje ha empezado esta misma tarde de jueves a las 19:48, cuando he salido en tren desde Jerez a Sevilla, donde ahora me encuentro. Aquí duermo esta noche, en cuanto acabe de escribir esto, porque mañana por la tarde tengo academia de oposiciones, y no podía venir en el último minuto con el equipaje que llevo. Acabo las clases a las 21:30 y a las 23:15 cojo un maravilloso autobús de Socibus que me llevará hasta Madrid, a donde está estimado que llegue a eso de las 5:30 de la mañana del sábado, después de la que seguramente será una confortable noche en sus aterciopelados sillones.

Una vez en Madrid, tocará coger el metro hasta el aeropuerto de Barajas, lo que espero que no me lleve más de una hora, ya que a las 10:30 sale mi primer vuelo a... ¡Miami! Este vuelo no sé cuánto dura por el tema del cambio horario, pero el caso es que llego allí a las 14:30 (hora local), y hasta las 22:30 no sale mi segundo vuelo, así que me dará tiempo a darme una vuelta a ver si me encuentro por allí a personajes de la talla de Pitbull, Dexter o artistas así. Como decía, y si no tengo ningún problema por aquello de entrar en Estados Unidos, cogeré mi segundo avión a las 22:30, destino... ¡Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)! Sí amigos, puede que en estos momentos estéis pensando que he perdido totalmente la razón... y así es. De todas maneras, tengo que decir que el vuelo era mucho más barato llegando aquí, aparte que está bastante más cerca de Salta que Buenos Aires.


Si todo va bien, habré llegado a Santa Cruz de la Sierra el domingo por la mañana, a las 8:30 (hora local). Una vez allí, y después de cambiar a bolivianos y pesos argentinos, tendré que ir hasta la estación de autobús para buscar uno que me lleve hasta Yacuiba, en la frontera con Argentina (unas seis o siete horas de viaje). Allí, a siete kilómetros de esta, tomaré un remis (taxi) hasta la frontera misma, por donde tendré que pasar andando con mi maleta, mi cara de perdido y con un cartel en la frente de "turista timable". Una vez del lado argentino, tendré que coger otro autobús que me lleve desde Pocitos a Salta, que son otras cinco o seis horas, para finalmente, pisar la tierra prometida el lunes.

Y muchos os preguntaréis: ¿por qué este becerrito no se coge un bus directo desde Santa Cruz de la Sierra a Salta, que tiene que haberlos? Efectivamente, los hay, pero tardan prácticamente lo mismo y cuestan poco más de 100 euros, mientras que montando el circo que voy a liar yo, en total no me saldrá por más de 30 euros. El gran problema de todo esto es que no se pueden saber los horarios de los buses de Bolivia, así que, una de dos: si consigo montarme en uno el domingo por la mañana, con suerte llegaré a la frontera antes del anochecer y podré pasar la noche en el bus argentino para llegar a Salta el lunes por la mañana. Si no, tendré que esperar a la tarde del domingo para salir de Santa Cruz de la Sierra, para llegar a la frontera el lunes por mañana y por consiguiente, terminar en Salta el lunes por la tarde.


Sea como fuere, lo que es seguro es que el lunes cuando llegue me van a tener que llevar en carretilla hasta la cama más cercana, y que nadie me despierte hasta el miércoles o el jueves. Pero merecerá la pena, ¡eso seguro! Seguiremos informando.

PD. Para los que piensen que soy rico o algo así, ya os digo yo que no. De hecho mi cuenta bancaria está en tratamiento por depresión.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Weekend Ruinetti

Este es un simple y humilde homenaje a este rebaño de becerros "Tele-Ruinas" con el que tuve el enorme honor y placer de compartir el pasado fin de semana en Sevilla, de una manera totalmente desorganizada, especulando con todo lo especulable, con muchas risas y pocas horas de sueño. A Dario, Fran, Mario y Carlos, ¡muchas gracias! Y a todo el comando italiano y demás personajes que fueron apareciendo. ¡Hasta pronto hermanos!

jueves, 2 de febrero de 2012

Hace 26 años...

Hace 26 años y un "chorreón", exactamente el 31 de enero de 1986, ponía pie (y nunca mejor dicho) en este mundo, más concretamente en Jaén. Solo hay algunos afortunados que conocen la verdadera historia de cómo llegué a este mundo, y hoy, tras la autorización materna pertinente, creo que ha llegado el momento de revelaros la que fue la primera "pichaventurita" (como diría mi querido y lejano amigo Ángel), y esta va en versión extendida. Sé que es larga, pero creo que merece la pena el esfuerzo de leerla.

Todo comenzó un par de meses antes, cuando recomendaron a mi madre reposo absoluto por riesgo de parto prematuro. Parece que yo estaba algo inquieto por venir al mundo, pero por suerte consiguieron aplazar este hecho. Para esto, mi pobre madre tuvo que pasarse dos meses en cama, sin poder moverse prácticamente, para que este servidor no saliera antes de tiempo y "sin terminar".

Poco después, parece ser que la misma noche de Fin de Año, que fue famosa por el sketch de Martes y Trece de las Empanadillas de Móstoles, estuve a punto de venir al mundo por un ataque de risa que le dio a mi madre viendo este vídeo, pero todo quedó en un simpático susto.
 

Llegamos a mediados de enero, cuando el médico recomendó a mi madre hacer vida normal para recuperar la fuerza en la musculatura, ya que el riesgo de parto prematuro había pasado. Parece ser que ahora me encontraba bastante a gusto en ese cálido y oscuro lugar, sin ninguna intención de salir. Por otra parte, es normal si lo piensas fríamente: dormir todo el día en pensión completa, sin responsabilidades... ¡maravilloso!

Total, que mi madre se lo tomó tan en serio que incluso se apuntó a un curso de "no sé qué" del profesorado, de los de verdad, de ir a clase, no como los de ahora de internet chungos. El segundo día del curso, un viernes, fue a clase por la mañana con total normalidad. Pero por la tarde, la madre naturaleza decidió que ya estaba bien, y mi madre empezó con las contracciones...

Y aquí empieza el verdadero clavario de mi pobre madre para traerme al mundo. Llegamos al hospital (me puedo incluir, ¿no?) y metieron a mi madre en una especie de sala de observación, esperando a que se pusiera de parto definitivamente. Mi madre ya lo estaba pasando regular y a su lado había un grupo de matronas jugando al maravilloso juego del parchís, cuando llegó el esperado momento. Mi madre y mi tía empezaron a llamar a las matronas, pero debía de ser una apasionante e igualada partida de parchís, porque en un primer momento no hicieron ningún caso. Después acudieron a la llamada, junto con un médico, el famoso Don Braulio, quien se percató de un "pequeño" problema...


Parece ser que, justo en el momento del parto, a mi me dio por darme la vuelta y ponerme literalmente "de culo", con los pies por delante, como queriendo emular al mismísimo Pepe. Don Braulio dijo que era muy peligroso nacer así, ya que corría el riesgo de ahogarme con mi propio cordón umbilical, por lo que había que darme la vuelta cuanto antes. ¿Cómo? Efectivamente, Don Braulio tuvo que meter las manos "ahí" y darme la vuelta... Eso tiene que doler. Yo, que estaba bastante cómodo en mi anterior posición, me indigné y me volví a poner de culo de inmediato, con lo que el médico tuvo que proceder a repetir la misma acción. ¿Qué hice yo? ¡Por supuesto! Darme la vuelta de nuevo, mostrando mis pies y mi culo al mundo.

Ante esta disyuntiva, viendo que yo "quería" nacer así, llevaron a mi madre a hacerle una radiografía para comprobar si podía nacer de parto natural o había que hacer cesárea. Felizmente, comprobaron que no hacía falta cesárea, pero se llevaron una gran sorpresa al comprobar un pequeño detalle: ¡una de mis diminutas piernas ya estaba asomando entre las piernas de mi madre! Ya no había vuelta atrás, y para colmo, mi madre tuvo que ir andando por el pasillo del hospital desde la sala de radiografías hasta la sala de parto, con mi pierna colgando a modo de choricillo ibérico, ya que no había camillas para llevarla. ¡De locos!

Se armó un gran revuelo en la sala, según me cuenta mi madre allí no cabía más gente para asisitir a ese extraño parto. Yo, ajeno a todo, y no suficientemente contento de dar tanto "por culo" (nunca mejor dicho), decidí introducirme de lleno en el maravilloso mundo del contorsionismo, y en vez de sacar la otra pierna, saqué mi bello trasero. Después, la otra pierna, y finalmente, el resto del cuerpo, sin problemas con el cordón umbilical, por suerte. Pero aquí no acabó todo. Tras el parto, la placenta se quedó dentro del cuerpo de mi madre, con el riesgo que eso conlleva para su salud, y la pasaron bastante canutas para sacarla...

Aún quedaba lo mejor: el bebé, es decir, yo. Está claro que un parto de estas caracterísiticas no es nada normal, y en un cuerpo tan pequeño acaba pasando factura. Se dice y se comenta que ese atrevido bebé trajo alguna que otra sorpresita. Para empezar, por el hecho de nacer "de pie", mi nariz se quedó hacia arriba, como la de los cerdos, pero esto se me pasó al cabo de unos meses. Además, la columna vertebral se me quedó algo torcida, la cadera desequilibrada y los pies se quedaron hacia adentro, mirándose, gracias a mi fantástica muestra de flexibilidad. Para paliar esto, mi madre dice que estuvo meses haciéndome gimnasia correctiva. Por último, aunque no tenga nada que ver con el parto, nací con cresta, es decir, solo me había crecido pelo en la parte superior de la cabeza, lo que quizás explique la cantidad de absurdeces que me he ido haciendo en la cabellera a lo largo de mi vida. ¡Un bebé punki!

Para ir concluyendo, quiero señalar que no todo fueron malas noticias ese día. No sé si será verdad, pero se dice que la gente que nace de pie, como yo, tiene mucha suerte. En mi caso, parece que a mis padres les tocaron 3.000 pesetas en una rifa de los míticos supermercados Simago, y en el curso de mi madre me nombraron "Cursillista de Honor", aunque nunca fui reconocido con ningún diploma. Quizás hoy me serviría para las oposiciones...

Ya termino. Quiero dedicarle esta entrada a mi madre, que lo tuvo que pasar bastante mal ese día y que, como me dijo ella misma, "en los cumpleaños, más que a los niños se debería felicitar a las madres, porque no veas por las que tenemos que pasar, y vosotros ni os acordáis..." ¡Felicidades mamá!

martes, 29 de noviembre de 2011

Estudiar en una biblioteca

Estudiar en una biblioteca es toda una experiencia. Lo que puede parecer algo normal, una actividad totalmente banal, se puede convertir en todo un cúmulo de sensaciones. Y esto lo digo precisamente porque llevo más de una semana yendo a la maravillosa biblioteca del campus.

He decidido estudiar allí porque, por diversas razones, me concentro más facilmente y aprovecho más el tiempo en ese lugar. En mi casa siempre estará esa tentación de internet, o de irme a la cocina a comer cualquier cosa, o tirarme en el sofá a ver cualquier programa "cultural" de nuestra educativa televisión nacional...
En la bilbioteca esto no existe, bueno, internet sí, por eso no me llevo el portátil. Como decía, esas distracciones no aparecen, pero sí que hay otros fenómenos que pueden llegar a distraernos y que convendría analizar. Es más, el simple hecho de realizar este estudio sociológico, supongo que ya me quita un tiempo:
- El típico "guapito sex symbol", que se dedica a pasearse por la sala charlando con toda mujer que se cruce, y que no tiene ni apuntes.
- La típica chica con tacones que viste como si fuera de discoteca, a la que también le encanta pasearse taconeando como si de bailaora flamenca se tratase, y que irremediablemente te hace levantar la vista de los apuntes (aunque solo sea por el ruido).
- El estudiante clásico, que llega, pone sus apuntes en una mesa al azar y sale a hacer un descanso. Cuando te vas a tu casa cuatro horas después los apuntes siguen exactamente en esa posición, sin que haya noticias de su dueño.
- Las "viejas glorias". Esto es lo que más me gusta, ya que me estoy encontrando con amigos y compañeros del colegio y el instituto que llevaba años sin ver, y que siempre viene bien charlar con ellos y saber de sus rocambolescas vidas.
- El sueño y el hambre. Esto es algo inevitable y que se intenta combatir con pequeños descansos, desayuno casero y frutita-tentempié de media mañana.
- El vecino. Esto sí que es una lotería, porque siempre queda libre algún sitio en el que se puede sentar cualquiera. Nunca había tenido ningún problema, hasta ayer por la tarde cuando se sentó... Mejor se merece un párrafo aparte.

A la vuelta del único descanso que hice ayer por la tarde, me encontré sorprendido con que se había sentado un joven-señor rondando los treinta y tantos que se había sentado entre Abel y yo.
El sujeto en cuestión, que presentaba una prominente calva y un evidente mal olor a "no me he duchado en los últimos tres días pese a que he salido a correr", estaba estudiando algo relacionado con el Derecho. Cuando mis fosas nasales se acostumbraron a tal hedor y pude seguir estudiando, de pronto, con el rabillo del ojo vi como su cuerpo daba un mini-saltito, y acto seguido mi sufrido sentido del olfato recibió un intenso tufillo a chorizo. Efectivamente, este individuo había soltado un silecioso pero potente eructo, seguramente fruto de la digestión del "plato de cuchara" que se habría comido a mediodía, y que evidentemente le había sentado muy bien.
El principal problema es que esto no fue un hecho aislado, ni mucho menos. Este amable señor, amante de la buena comida, repitió hasta en cuatro o cinco ocasiones este mismo proceso, para desgracia de mi maltrecha y dañada nariz.

En fin, para no extenderme más, con estas líneas solo quería compartir la clase de aventuras que pueden llegar a ocurrir en una simple biblioteca, un lugar aparentemente aburrido. Pruébenlo, ya verán como les sucede alguna historia fuera de lo común...

jueves, 25 de agosto de 2011

Comienza la gira...

En poco más de una hora comenzará mi "pequeña excursioncita" a casi el otro extremo del mundo, pero como, lógicamente y es costumbre en mi, aún me quedan unas cuantas cosas por hacer y cerrar, voy a desconectar esta máquina de perder el tiempo hasta nuevo aviso, que no es plan de especular con la hora como es habitual... ¡Allá voy señores!

Su itinerario, señor viajero (las distancias son aproximadas):
1. Jerez de la Frontera - Madrid. Autobús. 627 km.
2. Madrid - Roma. Avión. 1.365 km.
3. Roma - Buenos Aires. Avión (obvio). 11.166 km.
4. Buenos Aires - Salta. Autobús (o colectivo, que es Argentina). 1.475 km. Otra becerrada más.
Total: 14.633 km.
La próxima conexión será desde el otro lado... ¡Estamos perdiendo la señal! Desconectamos comunicación en tres, dos, uno...

viernes, 17 de junio de 2011

Covoiturage: esa caja de sorpresas

Como supongo que hay mucha gente que no sabe lo que es, comencemos explicando lo más importante: ¿Qué es el "covoiturage"?
Bien, esto se podría traducir (mal) como "compartir el coche", y básicamente, la gente que tiene que hacer un viaje y que tiene varias plazas en su coche, lo publica en una página web proponiendo un precio (bastante más bajo que en tren o bus), y los interesados contactan con él... ¡y a viajar! Por ejemplo, "tengo 3 plazas para ir de Lyon a París por 25 € el sábado a las 14h00". Y si te viene bien, lo llamas y te vas con él.
Hasta aquí, todo normal. De hecho, anteriormente ya lo había hecho dos veces sin ningún tipo de problema (París-Chartres y París-Roanne, la semana pasada), y ayer, una vez más y para ahorrarme dinero, volví a hacerlo para volver de mi maravillosa semana en Roanne que ya contaré otro día.
Bien, vayamos a los hechos. Concretamos una cita con un tal Etienne, 24 años, para volver desde Lyon a París a las 19h00, un trayecto que normalmente dura entre 4h30min y 5h. El coche, lleno, y me toca sentarme en el medio. Empezamos mal porque después de pelearme más de diez minutos para ponerme el cinturón, descubro que lo del medio no es un asiento, sino la típica "cosa" de plástico duro que se baja para apoyar las latas o la comida, con lo que mi espalda y mi culo no se alegraban de estar ahí. Siguiendo, no tenía "reposacabeza" porque no había forma de que entrase, así que me esperaba un largo camino con la cabeza tiesa.
Y ahora, sigamos con los compañeros de viaje, concretamente dos de ellos. Para comenzar, Etienne, el conductor, un medio "cani" parisino que nada más montarse en el coche se puso a enviar mensajes con el móvil y a llamar por teléfono, además de fumar, todo con bastante regularidad. Esto no sería un gran problema si no fuera porque la gran mayoría del camino fuimos a 160km/h, llegando en algunos tramos a los 180km/h. Con otras palabras, un claro ejemplo de cómo se conduce correctamente que la DGT (Dirección General de Tráfico) tendría que tener en cuenta y condecorarlo por ello. Un auténtico kamikaze barato, este Etienne.
Sigamos con el mejor de todos, Gaëtan. Un negro con rastas y barba de casi dos metros de altura que se sentó a mi izquierda, y el que, para empezar bien, tuvo una urgencia justo antes de montarnos en el coche y se fue al baño. Tardó unos 15 minutos. Sí que tuvo que ser importante la urgencia, sí. Pero parece que una vez liberado de este contratiempo se quedó bastante relajado, porque se pasó todo el camino, casi hasta París, durmiendo a pierna suelta (no olvidemos que medía casi dos metros). Esto tampoco debería haber sido un problema si no fuera porque yo estaba sentado en el medio, os recuerdo, y el hombre ocupaba toda la parte izquierda del coche con sus enormes piernas, y yo, aparte de mi dolor de espalda, tenía las piernas encogidas en el medio. Para más inri, el señor Gaëtan olía realmente mal, como a sudor rancio, con solera, y parece que quería compartirlo conmigo porque durante el trayecto estuvo bastante rato medio echado sobre mi, y en otros momentos se daba la vuelta y me empujaba con su culo hacia la derecha, acomodándose más aún.
Para hacer más agradable aún el viaje, hubo un accidente en la autopista que nos tuvo una hora de reloj parados completamente... ¿Os imagináis todo eso junto? Yo creía que me moría... Así que después de esto, nuestro querido Etienne (o no sé si llamarlo Drenthe o Benzema) conducía como un Fórmula 1 y de hecho se comportó como tal ya que solo paró un momento para repostar y comprar agua.
Resultado final: Teniendo en cuenta que salimos a las 19h10 por culpa del apretón de Gaëtan, y que llegamos a París a las 23h50, tardamos 4 horas y 40 minutos en hacer el trayecto, algo normal si no fuera porque estuvimos una hora parados en un atasco, por si lo habíais olvidado.
En fin, que el viaje me costó 25 € solamente y me ha traido una bonita historia que contar. El covoiturage está guay, ¿eh?

sábado, 30 de abril de 2011

Mi presente y futuro profesional es... ¡Amorino!

Así es, amigos, esta es mi nueva salida profesional después de cinco años de carrera y dos de asistente de español (que supongo que algún día narraré por aquí...).
Hoy he cumplido oficialmente una semana como trabajador en la afamada empresa "Amorino", que dispone de la "friolera" de 19 heladerías por todo París...
Pero comencemos la historia desde el principio: el pasado día 9 de abril me dieron dos semanas de vacaciones en mi anterior trabajo, y en vista de que hoy, 30 de abril, acababa mi contrato, me puse en serio a buscar un trabajo sustitutorio por algunos meses en París, olvidándome de aprovechar este tiempo para viajar... Así pues, recorriendo a pie esta ciudad repartiendo currículums a diestro y siniestro, descubrí la increíble simpatía de esta "amable" gente, a los que sólo les falta escupirte a la cara y limpiarse el culo con tu currículum...
Pese a todo, una semana después me llamaron de una pequeña brasserie, es decir, un restaurante francés, para que trabajara tres horas al día con ellos, de lunes a viernes, al mediodía, cerca de los Jardines de Luxemburgo... Y allí me presenté, como único camarero del restaurante y con cero experiencia, más nervioso que Luis XVI antes de que lo guillotinaran, y obviamente la lié bastante: se me olvidaban bastantes cosas, pero lo peor era un extraño temblor en la mano que no podía controlar al llevar los cafés a los clientes, y que aumentaba cuando mi jefe me perseguía gritándome "¡No tiembles Andrés, no tiembles!". También fue memorable, el primer día, cuando me dijo que "gritara los platos a la cocinera" cuando me los pidieran. Yo, ni corto ni perezoso, y como he visto y oído toda mi vida en España, "grité" literalmente "una ensalada de queso de cabra caliente" desde el otro extremo del restaurante, y mi pobre jefe se llevó las manos a la cabeza, avergonzado, y no sabía dónde esconderse... Pese a que pueda parecer un desastre, y a que los dos primeros días me perseguía por todas partes, mi querido ex-jefe no me quería dejar ir cuando el tercer día le dije que no quería seguir, e incluso me pidió que volviera al día siguiente y me lo pensara (también es ovbio que necesitaba a alguien, si no se quedaba con el culo al aire...). Así que mi periplo por el mundo de la hostelería duró sólo cuatro días...
Hasta que, el mismo día que dije de dejar el trabajo, me llamaron de la anteriormente mencionada "Gelateria Amorino" (que por cierto, también existe en España), para que empezara dos días después, el sábado 23 de abril. He olvidado mencionar que me habían hecho una entrevista ese mismo miércoles, pero no tenía grandes esperanzas porque había bastantes candidatos...
El caso es que comencé a trabajar y firmé mi contrato ese mismo día, con mi magnífica indumentaria laboral: delantal negro con el logo, camiseta negra, gorrito absurdo y una plaquita que decía "en formation", para que la gente tuviera paciencia conmigo... Y ahí me empezaron a enseñar la especialidad de la casa, que es hacer cucuruchos (o conos, o conrnettos o como se digan) con forma de flor, y no hace falta que diga los cardos borriqueros que hice las primeras veces... Pero al final del día me salían muy bien, y ahora ya los hago casi rápido y bonitos.
Y nada, en esta semana ya ha terminado mi formación tanto en helados como en cafetería, y ya tengo una placa con mi nombre y la palabra "vendedor". Además, he vivido experiencias tan diversas como hacer helados-flores de 6 ó 7 sabores diferentes, ser fotografiado por chinos, entrar en una cámara frigorífica a -27ºC con un abrigo finito y unos guantes de broma o inventarme por completo el italiano hablado. Y por supuesto comer helado, mucho helado.
Así que todo va bien, hoy ha acabado oficialmente mi contrato como asistente de lengua española y ya me puedo centrar en mis heladitos... Otro día escribiré, también, sobre mi experiencia pedagógica con futuros premios Nobel...
Pero no será hoy, ¡que esto ya es muy largo! ¡Bonne soirée à tous! =)

lunes, 18 de abril de 2011

¿Francia o Nepal?

Efectivamente, esa es la pregunta que me hago muchas veces cuando llego a mi piso... ¿estoy viviendo en París o en el mismísimo centro de Katmandú? Para los que desconozcan la historia, os pongo en situación:
Mi humilde morada se halla en el 19ème arrondissement de Paris, es decir, el noreste de la ciudad. Aquí llegué a finales de septiembre después de una semana de búsqueda intensiva de piso, y fui a caer a un pisito muy majo el que vivían, compartiendo habitación, dos nepalíes (uno tipo "Apu", de "raza hindú" muy moreno, pequeñito y delgado; y el otro de "raza mongol", blanquito, enorme y gordito), y una francesa, que fue sustituida pocas semanas depués por un italiano, Matteo...
Me acogieron muy bien, incluso me invitaron bastantes veces a comer, y con ellos descubrí lo que es comer sentados en una alfombra y sin ningún utensilio excepto los dedos, además de sentir lo que es que la boca te arda literalmente por la mezcla y cantidad de picante y especias. Hasta aquí todo bien; maravilloso diría yo. O al menos eso parecía.
Poco a poco empezaron a cambiar las cosas. Apareció un tercer nepalí, al que Matteo y yo llamamos "Bonjour", porque es la única conversación que se puede tener con él, y que es como una mezcla de los otros dos: moreno, achinado y grande.
Este personaje ya se instaló "oficialmente" hace mucho tiempo en casa, y desde entonces entre "visitas" (algunas duran semanas), "familiares" (no sé cuántos "hermanos" y "primos" ha traido cada uno) y fiestas, ya han pasado por aquí entre 20 y 30 nepalíes diferentes. Vamos, que mi piso parece la sede de una asociación de sherpas del Himalaya. De hecho, muy sospechosamente, junto a mi buzón hay otro en el que pone "Maison de Nepal" (Casa de Nepal), y Matteo y yo pensamos que estamos ante un claro caso de una especie de mafia rara que los aloja provisionalmente... Por ejemplo, si tienen la puerta de la habitación abierta y me ven aparecer, la cierran rápidamente, y cosas así...
En estas circunstancias, os podéis imaginar el olor a curry que tiene, y las condiciones de salubridad e higiene ni se dicen, que si lo comparamos con mi piso durante la carrera, este último era el Palacio de Versalles... Tanto es así, que una especie de "mini-cucarachas" se han instalado cómodamente en la cocina y el cuarto de baño y han formado familias, construido amplias casas con jardín, organizado fiestas en el frigorífico... ¡tienen una vitalidad impresionante!
En fin, que algo raro está pasando delante de mis ojos, y algún día lo averiguaré (o no). Seguiremos informando sobre esta y otras historias parisinas (o nepalíes...).