domingo, 29 de abril de 2012

Un sindiós

Así titulaba Juan José Millás su columna de El País el pasado viernes, y como me parece bastante interesante y fácil de leer, aquí la comparto con vosotros. Para terminar, no quería dejar de poner una viñeta no menos crítica del gran Forges, que define perfectamente la situación del país. ¡Feliz domingo!


Un sindiós
Todo este programa reformador de gran calado no puede ponerse en marcha sin mentir.

Desde que los ministros de Rajoy, en especial Montoro y Ana Mato, decidieron explicar didácticamente los porqués de la demolición del Estado, entendemos las cosas mucho mejor. He aquí un resumen, claro como el agua, de sus argumentos: Se pone precio a la sanidad para que continúe siendo gratuita y se expulsa de ella a determinados colectivos para que siga siendo universal. Se liquidan las leyes laborales para salvaguardar los derechos de los trabajadores y se penaliza al jubilado y al enfermo para proteger a los colectivos más vulnerables. En cuanto a la educación, ponemos las tasas universitarias por las nubes para defender la igualdad de oportunidades y estimulamos su privatización para que continúe siendo pública. No es todo, ya que al objeto de mantener el orden público amnistiamos a los delincuentes grandes, ofrecemos salidas fiscales a los defraudadores ambiciosos y metemos cuatro años en la cárcel al que rompa una farola. Todo este programa reformador de gran calado no puede ponerse en marcha sin mentir, de modo que mentimos, sí, pero al modo de los novelistas: para que la verdad resplandezca. Dentro de esta lógica implacable, huimos de los periodistas para dar la cara y convocamos ruedas de prensa sin turno de preguntas para responder a todo. Nadie que tenga un poco de buena voluntad pondrá en duda por tanto que hemos autorizado la subida del gas y de la luz a fin de que resulten más baratos y que obedecemos sin rechistar a Merkel para no perder soberanía. A no tardar mucho, quizá dispongamos que los aviones salgan con más retraso para que lleguen puntuales. Convencidos de que el derecho a la información es sagrado en toda democracia que se precie, vamos a tomar RTVE al asalto para mantener la pluralidad informativa. A nadie extrañe que para garantizar la libertad, tengamos que suprimir las libertades.


viernes, 27 de abril de 2012

Risas y más risas en "La Semana más Larga"

Por fin salgo del ostracismo después de dos días sin escribir, y como no podía ser de otra manera, tengo que hablar del programa de "La Semana más Larga" del pasado miércoles. No he querido escribir antes porque estaba esperando a que colgaran el vídeo en la web del programa, y ¡ya lo tenemos!


Bien, como decía, tuve la inmensa suerte de participar en el programa como castigado de la semana, siendo caracterizado en uno de los integrantes del grupo Kiss, por aquello de que a Pilar Rubio le va el rollo heavy. Así que ahí estuve, siguiendo el programa en primera línea, hartándome de reír, y todo gracias a un simple mensaje enviado por Abel. Vaya regalos originales que hacen algunos...

Y solo puedo tener buenas palabras hacia todo el equipo, una gente muy humana, atenta y simpática. Todos: el equipo de maquillaje, estilismo, producción, la banda de música, Ana, Claudina, José Mari, Valérie, Pilar, Manu, etc. Muchas gracias por todo y enhorabuena por el programa, que os lo curráis un montón y hacéis feliz a muchísima gente dentro y fuera de Andalucía. ¡Seguid así!




miércoles, 25 de abril de 2012

Castigado...


Efectivamente, estoy castigado. No sé si me habré portado mal o qué, pero mañana miércoles por la noche tendré el honor de ser el castigado de la semana en el maravilloso programa de humor de Manu Sánchez, "La semana más larga", emitido en Canal Sur 2 Andalucía.


Para el que no lo conozca, es un gran programa conducido por este genio de Dos Hermanas y empezará a eso de las 22h15, en directo. El "castigado" es un asistente como público un tanto especial, ya que lo disfrazan de cualquier cosa relacionada con alguna de las noticias más destacadas de la semana, y este caso me va a tocar a mi. Todo gracias a mi querido amigo Abel, que me ha hecho este regalo para levantarme el ánimo.

En fin, al menos me queda el consuelo de que tendremos a una invitada muy especial... ¡No os lo perdáis!


lunes, 23 de abril de 2012

¡Feliz Día del Libro!


Un simple libro puede ser la mejor forma de viajar. Leamos.

El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. Miguel de Cervantes Saavedra.


domingo, 22 de abril de 2012

La vida sigue igual

Como criticaba hace un rato, ahora parece que todos los problemas de este país se han acabado. Ahora resulta que un simple Barça-Madrid hace que, automáticamente, todos los españoles se olviden de la desastrosa situación en la que estamos metidos: ¡Viva, el Madrid le ha ganado al Barça!, ¡Oh no, la Liga ya casi está perdida para el Barça, qué injusticia!

Pues que sepáis que este país gobernado por mentirosos fascistas sigue igual de hecho mierda que hace 24 horas, y seguramente mañana esté incluso peor. Así que, por favor, abramos los ojos y centrémonos en lo realmente importante, porque que yo sepa, ni Mou, ni Guardiola, ni Cristiano, ni Messi nos van a dar de comer.

Señores, un poco de cordura.


viernes, 20 de abril de 2012

Comunicado oficial: Es la guerra

En este momento estoy de muy muy mal humor, por no poner una barbaridad aquí. La banda de cínicos y mentirosos que nos gobiernan han decidido esperar al último día para impugnar las oposiciones en Andalucía, es decir, hoy mismo, hace unos minutos.

Parece que no les ha sentado muy bien su derrota en Andalucía y ahora más que nunca van a por nosotros. Quieren hundir este país con todos nosotros dentro y en lo más profundo, pero desde este rincón del sur, lleno de "vagos", "maleantes" y "subvencionados" no lo vamos a permitir, o al menos vamos a hacer todo lo posible porque no sea así.

Así que desde aquí, mi humilde y barato espacio en la red, la declaro oficialmente la guerra a los "señores" Rajoy, Wert, Montoro y toda esa panda de fascistas sinvergüenzas. No vais a poder con nosotros. Aquí, no.


jueves, 19 de abril de 2012

Yo no soy malo


Os dejo con las sabias palabras de Luis García Montero. Creo que no hace falta añadir nada más:

Yo, señor, no soy malo, aunque no me falten motivos para serlo. A lo largo de estos días, he recordado muchas veces el célebre comienzo de La familia de Pascual Duarte, la narración de Camilo José Cela. En los debates públicos, parece que los ciudadanos tenemos la culpa de todo. La crisis no se debe al fracaso de la economía neoliberal, sino a la desmesura de unos ciudadanos que han vivido por encima de sus posibilidades. El respeto a la libertad sexual vuelve a convertirse en un problema para los que aspiran a regular la naturaleza según la lógica del infierno y el pecado. Y la degradación de los servicios públicos está relacionada con el deseo de los funcionarios de no cumplir con su trabajo. Cargamos todos con toda la culpa de todo.

El escepticismo prudente tiene su justificación y su virtud. Después de tantas decepciones graves, es mejor no dejarse arrastrar por quimeras y sostener una sensata conciencia crítica. Pero cuando el escepticismo se transforma en un descrédito fundamentalista de los ámbitos públicos y las ilusiones colectivas, acaba rebotando en el espejo del Estado y cayendo sobre los hombros de los ciudadanos. De ese modo las decepciones se resuelven con una sistemática criminalización de los individuos. Sí, la economía neoliberal, que con tanta insistencia defiende los ámbitos privados y la desregulación, conduce también, como los totalitarismo, a la criminalización de los individuos.

Este proceso lo ha hecho evidente el Ministerio del Interior al pretender penalizar la resistencia pasiva y pedir dos años de cárcel para los convocantes por Internet de concentraciones que desemboquen en actos violentos. Es difícil pisar un charco tan fangoso a la hora ofender la libertad. ¿Cómo se puede confundir la responsabilidad de una convocatoria y el comportamiento posterior de algunos participantes? En esa confusión corre un peligro muy serio la democracia.

Pues yo no quiero que me criminalicen. Yo no soy un extremista, ni un populista antisistema. Yo no soy malo.

Yo soy el estudiante que intenta defender la educación pública, con calefacción en las aulas del invierno y con profesores en los colegios y los institutos. Salgo a la calle y protesto.

Yo soy la mujer que se niega a ser tratada como asesina de niños por defender una ley digna de interrupción del embarazo. Soy la mujer que no está dispuesta a que desaparezcan las inversiones contra la violencia de género. Salgo a la calle y protesto.

Yo soy el homosexual que no comprende cómo se permite que un obispo, en la televisión pública de un Estado laico, pierda los papeles y se gaste mis impuestos en pregonar barbaridades contra la dignidad humana. Salgo a la calle y protesto.

Yo soy el ciudadano que quiere una democracia real, no un ámbito oficial manipulador de los programas electorales y los votos. Salgo a la calle y protesto.

Yo soy el funcionario que no resiste más desprecios y que no permite que se le falte el respeto a su trabajo con chistes sobre la hora del café, la lectura del periódico y la holgazanería. Salgo a la calle y protesto.

Yo soy el trabajador con derecho a organizar una huelga general y un piquete, cansado de que los gobernantes legislen al servicio de la economía especulativa. Yo soy incluso el pequeño y mediano empresario que defiende la economía productiva, porque la mayor parte de nosotros no son líderes del IBEX 35 o de la banca alemana, sino gente angustiada que necesita animar las ciudades, abrir sus tiendas, mantener sus negocios, y para eso hace falta que los individuos tengan un euro de más en el bolsillo y una culpa de menos en la cabeza.

Si el escepticismo se convierte en el descrédito perpetuo de los ciudadanos, el necesario sentido de la responsabilidad acaba diluido en el sumidero de la culpa. La desconfianza generalizada impide cualquier instinto de compasión y solidaridad. Y esa criminalización del individuo consigue enviar dos mensajes muy reaccionarios: cada cual es responsable de su pobreza y todo pensamiento crítico es un anticipo de la violencia. Esta mentalidad reaccionaria se ha hecho inevitable para mantener un orden desequilibrado e injusto. Todo acto de ilusión, de protesta colectiva, de defensa de derechos, puede caracterizarse así como un problema de orden público.

La pretensión de solucionar los desarreglos sociales endureciendo el derecho penal participa de esta lógica. El populismo interioriza con facilidad la desconfianza, la indignación contra el otro y contra uno mismo. El Estado injusto necesita hacernos culpables personales de sus injusticias. Pues no, yo no soy malo, aunque cada vez tenga más motivos para serlo.